En Vídeo
En imágenes
La National Gallery abre hoy al público la ambiciosa propuesta con la que esta pinacoteca clásica se suma a la Olimpiada Cultural que agita Londres, a dos semanas de la inauguración de los Juegos. La disculpa es la reunión en sus salas, por primera vez desde el siglo XVIII, de tres lienzos de Tizianosobre el mito de Diana cazadora.
Con un tremor similar al generado en España por la reciente venta de una obra de Constable por la baronesa Thyssen, el anuncio en 2008 de que el duque de Sutherland quería sacar al mercado «Diana y Acteón» y «Diana y Calisto» (encargadas hacia 1556 por Felipe II, y cedidas a las National Gallery de Londres y Edimburgo durante 70 años) generó un amplio movimiento recaudatorio para adquirir los cuadros. El duque aceptó vender a las galerías el primero por 50 millones de libras (más de 63 millones de euros) en 2009, y el segundo fue salvado «para el público» en marzo por 45 millones de libras.
Reunidas ahora con «La muerte de Acteón» (1559-75), la muestra«Metamorfosis. Tiziano 2012» moviliza a las artes británicas para revisar la influencia del pintor renacentista. «Los Juegos eran una oportunidad para hacer algo diferente, más ambicioso», explica Minna Moore Ede, especialista en Renacimiento del museo, que lleva cinco años trabajando en la exposición.
Para el visitante más lúdico, encierra una audaz invitación a profanar –como hizo el cazador mitológico Acteón, según describe Ovidio en «La Metamorfosis»–, la intimidad de los dioses. Acteón fue condenado a ser devorado por sus perros y a convertirse en ciervo por una furiosa Diana (la diosa Artemisa de los griegos), a quien descubrió desnuda bañándose con sus ninfas.
Seis dianas al desnudo
La muestra invita al visitante a participar como «mirón» del mito
Dentro, seis mujeres de nombre Diana, «reclutadas» por el artista conceptual Mark Wallinger (1959) en Twitter, hacen turnos de dos horas exponiendo las virtudes virginales que ocultaba la diosa. «Quería hacer el viaje de una mujer real al mito, en estas salas en las que la mirada masculina venía a descubrir el desnudo femenino», explicaba ayer el artista, premio Turner en 2007. «Solo se puede mirar, el espectador debe respetar su privacidad», nos aclara.
Para los amantes de la escuela veneciana, el papel discreto que ocupan los tizianos en la primera sala sabrá a poco. Pero el efecto «epatador» de unas obras que obligaban a la corte de Felipe II a cubrirlas con una cortinilla por prevención púdica brilla en las salas adyacentes. Conrad Shawcross (1977) propone a una Diana convertida en robot que, dentro de una jaula de cristal, observa a su presa. Con los movimientos sensuales de una mantis, el brazo mecánico alumbra una linterna sobre una rama tallada de madera, que simboliza el bosque en el que murió Acteón.
Royal Ballet
En la obra de Ofili, el aura sexual de la caza de Diana y Acteón se hace visible
Los tres artistas han sido invitados a crear vestuario y decorados para los ballets sobre la «Metamorfosis» que han creado siete coreógrafos británicos con el Royal Ballet, en la que será la última producción bajo la dirección de Monica Mason. Podrá verse desde el sábado hasta septiembre. El 16 de julio se proyectará una función en una pantalla gigante en Trafalgar Square. El proyecto incluye también una dimesión poética, recogida en un libro para la exposición.




