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Consagrándose en el panorama internacional del nuevo pop. En esas anduvo anoche Regina Spektor en su segunda visita a nuestro país. Demostrando una insultante valía como intérprete ante un Circo Price abarrotado que se encontró con la mejor versión imaginable de esas tonadas paridas con tantísimos diferentes moldes, habilitadas sobre el escenario para su disfrute y atenta observación, pues es en los detalles donde Regina seduce por completo, con la obviedad y el acomodamiento como enemigos a bat’ir en el punto de partida para no fallar en la construcción de la sorpresa.
Empezó así, con sorpresa, cantando un blues a capella con golpecitos al micro como única percusión. Y enseguida, sus excepcionales modulaciones de voz cerraron al Price en su puño. Spektor dejó de piedra a muchos anoche, cantante valiente, con bravuras que despiertan la absoluta simpatía, porque incluso cuando se equivoca gusta, pues uno adivina hacia dónde se estaba arrojando sin paracaídas y no puede más que aplaudir la osadía. O darse cuenta de que el error no existe. De que sin travesuras no hay vida.
La candidez de Regina
Hay algo de niñez en lo que hace Regina. Algo que madurado con ese talento compositor y esa calidad vocal, causa una admiración irreprimible. Así fue anoche, y así lo aplaudieron a rabiar todos y cada uno de los que lo vieron. Por cómo trasciende sus discos sobre las tablas, por cómo se comunica con el público, por cómo sale el sol en sus composiciones, Regina tiene que ser una chica sanísima. Que escucharla cantar «Small town moon» da ganas de tomarse un chocolate –una de sus debilidades– con ella en San Ginés, vaya.
La sorpresa no para de gestarse, ya sea con un invento vocal o un inesperado contrarritmo
El piano fue el vehículo principal para sus geniales ocurrencias, acompañado por violonchelo, teclados y percusión con una higiene exquisita. Artistas de aptitudes y aspiraciones similares se disfrutan más cuando el escenario muestra únicamente su pura esencia, voz y piano (anoche en The Prayer», en ruso).
Los acompañamientos suelen distraer, restar, pero la vertiente más pop de Spektor está tan bien integrada en su cancionero que no se la echa demasiado de menos al irse por derroteros más habituales, casi se podría decir que se adentra en el sonido mainstream cuando le viene en gana: porque acto seguido se ríe de él. Porque la sorpresa no para de gestarse en su interpretación, ya sea con un invento vocal o un inesperado contrarritmo. Hay muchos ideales de pop, unos más mascados, otros menos. Pero el de Regina Spektor pertenece a una nueva generación.







