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Toledo, de nuevo en la encrucijada

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Día 09/07/2012
La ciudad de Toledo parece estar condenada a ser el verso suelto de Castilla-La Mancha. Como ocurrió con Molina y Conde, un alcalde vuelve a ser líder regional de su partido
Toledo, de nuevo en la encrucijada
ana pérez herrera

Tres de los cinco alcaldes que ha tenido la ciudad de Toledo en esta etapa democrática han tenido aspiraciones regionales. José Manuel Molina y Agustín Conde dirigieron el Partido Popular en Castilla-La Mancha y los dos optaron a la Presidencia regional, en manos en esos años del socialista José Bono. Ahora, la situación es al contrario. Un socialista, Emiliano García-Page, dirige la ciudad de Toledo y, en la Junta, por primera vez en la historia de Castilla-La Mancha, el PP gobierna con María Dolores de Cospedal. Lo que no cambia es Toledo, que se encuentra, de nuevo, entre dos aguas, el PP y el PSOE, mientras sus dirigentes se enzarzan, un día sí y otro también, en interminables debates sobre competencias y responsabilidades. En las últimas semanas, los toledanos vuelven a escuchar en boca de sus dirigentes las mismas frases que repetían los gobiernos de Molina y Conde sobre las «bofetadas» que recibe la ciudad en la cara del alcalde por parte de los responsables del Gobierno autonómico.

La semana pasada, el portavoz del equipo de Gobierno, Rafael Perezagua, quiso denunciar públicamente los últimos ataques que está recibiendo de la Junta el alcalde, Emiliano García-Page, por lo que el considera su defensa de los proyectos de Coca-Cola y el remonte de Safont y que suponen, a su juicio, «maltratar a los toledanos». Perezagua lamentó que el Ejecutivo autonómico pierda el tiempo «en insultos y descalificaciones para golpear al alcalde» en lugar de arreglar los problemas que afectan a los ciudadanos. Desde el PP, sin embargo, se acusa a Emiliano García-Page de utilizar su cargo de alcalde para promocionarse políticamente y abandonar la ciudad por su afán personal. Así, le piden de forma insistente que se aclare y que decida entre secretario regional, senador, o alcalde» porque «está demostrado día tras día, que es incapaz de asumir las tres responsabilidades y, sin ninguna duda, la que menos le interesa es la de ejercer de alcalde de los toledanos».

Así, el remonte de Safont y el proyecto de Casbega ha llegado a enfrentar directamente a Emiliano García-Page con otro toledano, Leandro Esteban, consejero de Presidencia, que también está muy implicado en la ciudad. De hecho, para hoy ha anunciado una visita a la zona de Covachuelas, en donde se va a instalar el remonte, mientras en los últimos días ha estado pidiendo explicaciones al alcalde sobre sus intereses en la zona del PP-11.

Leandro Esteban también calificó de «mezquino» que el alcalde de Toledo no quiera poner «ni un solo euro» en la construcción del remonte mecánico de Safont y que no aclare por qué quiere que Casbega -embotelladora de Coca-Cola- se instale en el PP-11. Perezagua no tardó en defender a García-Page y le recordó que la postura del Gobierno local con respecto al remonte peatonal de Safont es similar a la adoptada en su día por el alcalde Agustín Conde, que consiguió financiación exterior para la construcción del remonte mecánico de Recaredo «sin que le costase ni un duro a los toledanos» gracias al Banco Europeo de Inversiones.

En 1989, un joven José Manuel, siendo alcalde de la ciudad, fue elegido senador autonómico y líder de la oposición en Castilla-la Mancha. Durante los dos años siguiente, hasta 1991, la ciudad fue motivo de encontronazos. De esa época son numerosas las declaraciones de los políticos locales que denunciaban discriminación de la Junta a la capital castellano-manchega. César Gómez Benayas, entonces concejal del PP, se quejaba de la marginación que sufría Toledo y decía que «no son una bofetada a José Manuel Molina, sino una bofetada a los castellano-manchegos que han votado al PP y a todos los ciudadanos».

Lo mismo ocurrió en la etapa de Conde (1999-2003), que también asumió en este momento la Presidencia regional del partido y los dos últimos años -los dos primeros fueron de absoluta sintonía- fueron muy duros en la relación entre el Ayuntamiento y la Comunidad autónoma. De hecho, el proyecto de creación del Real Patronato de la ciudad de Toledo se mantuvo bloqueado durante meses por falta de entendimiento entre las dos administraciones. Ahora, en estos tiempos de crisis, son aún más los asuntos que necesitan consenso entre Junta y Ayuntamiento. Y los políticos deberían estar condenados a entenderse por el bien de Toledo.

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