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Sólo espero que, para bien o para mal, la Justicia actúe con diligencia y prontitud y no demore en investigar los hechos
MIGUEL Zerolo sigue estando acosado por la Justicia. Después de todo el affaire con Las Teresitas como mar de fondo, ahora el Tribunal Supremo va a investigarle por mor de ciertas reformas hechas sin el procedimiento legal que marca la Ley de Contratos para el sector público en el Instituto Hermanos García Cabrera. Se trataba de unos trabajos de acondicionamiento del centro para que pudiese albergar las oficinas administrativas que están sitas en la calle general Antequera, a la vuelta del propio Consistorio de Santa Cruz de Tenerife.
Se tienen sospechas más o menos fundadas de que el ex alcalde santacrucero benefició a IMES para que realizase esta labor en vez de, como era lógico, tirar de los procedimientos que marca la ley y que se hubiesen podido personar otras empresas para acometer estos trabajos. Pero, insisto, siempre a tenor de los indicios, el Ayuntamiento decidió verbigracia que no era necesario molestarse en sacar todo un pliego de condiciones técnicas y económicas y que esto se le podía adjudicar directamente a IMES, una empresa que, casualmente, siempre ha tenido una excelsa y excelente relación con el consistorio chicharrero a la hora de ganar muchas de las chapucillas que siempre toca hacer en una ciudad. Pero, repito, siempre por pura casualidad, o porque los otros (ironía) debían ser muy malos.
Lo que es evidente es que, como habitante que fui de Santa Cruz de Tenerife y que los 16 años de Zerolo al frente de la alcaldía los viví de cabo a rabo, no gusta ver cómo quien fue la persona que regía los designios de la ciudad pueda acabar empurado. Posiblemente, todo este ruido mediático de ser juzgado por el Tribunal Supremo se hubiese evitado si el exalcalde no se hubiese empeñado en tener a toda costa el puesto de senador. Pero el político de Coalición Canaria temía mucho la acción de la Justicia, y no sólo por ese caso, el hermanos García Cabrera, que al fin y a la postre parece el chocolate del loro, sino que lo que realmente le preocupa es todo lo que pueda pasar con el caso de Las Teresitas, un lío del que aún no tenemos los datos necesarios ni suficientes para saber qué pasó realmente o qué turbios negocios había detrás de la compraventa de los terrenos frente a la playa.
Sólo espero que, para bien o para mal, la Justicia actúe con diligencia y prontitud y no demore en investigar los hechos. Hay que empezar a dar ejemplo de que el peso de la espada y la balanza son iguales para el de arriba como para el más insignificante ciudadano. El Supremo, a Dios gracias, no está imbuido del espíritu del compadreo que muchos tenemos la sensación que se da con demasiada frecuencia en estas Islas.



