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Ha sido la caída del paro más elevada de toda la serie histórica. Con la de junio se encadenan ya tres meses consecutivos de reducción del paro y los afiliados a la Seguridad Social vuelven a recuperar la cota psicológica de los 17 millones de ocupados olvidada hace ya seis meses. Pero el Gobierno contiene el aliento. «Hay que ser prudentes», advirtió esta semana la ministra de Empleo, Fátima Báñez. «Cautela», pidió el secretario de Estado de la Seguridad Social, Tomás Burgos. «Hay que esperar para ver si esto se convierte en tendencia», avisó Engracia Hidalgo, secretaria de Estado de Empleo. Pero... ¿por qué no convencen los datos de paro y afiliación? ¿Cuáles son los matices? ¿Por qué tanta prudencia?
Buenos son los resultados, pero demasiados los matices que se pueden hacer a las cifras del Ministerio de Empleo. Uno de ellos, el de mayor peso es la estacionalidad. Junio es un mes en el que tradicionalmente se reduce el desempleo por el efecto directo de la estacionalidad, del sector servicios, del turismo y el tirón de las contrataciones al calor del verano.
El peso de todos estos factores, sin olvidar el efecto excepcional de la regularización de las empleadas del hogar, trajo buenas noticias para el mercado de trabajo; el paro registrado en las oficinas de empleo del antiguo INEM se redujo en casi 99.000 personas hasta quedar la cifra total en 4.615.269. Hasta aquí bien, la otra cara de la moneda está en los datos de paro desestacionalizados, que evidencian que el desempleo creció en 18.697 personas.
«Efecto desánimo»
El aumento del gasto en prestaciones por desempleo abre la puerta a una reforma
Tampoco hay que perder de vista las afiliaciones a la Seguridad Social. El sistema sumó 31.332 ocupados en junio, lo que contrasta con el descenso de 5.612 personas un año antes. Unos resultados que, sin embargo, muestran un desfase con las cifras de desempleo, que caen más de lo que suben las afiliaciones. Las respuestas a este desfase lo explican los expertos por el impacto del «efecto desánimo», el que sufren las personas que se quedan sin trabajo pero no se registran en las oficinas de empleo por desconfianza, por entender que no encontrarán empleo por esta vía. Y no les falta razón, teniendo en cuenta que estas oficinas apenas encuentran empleo en estos momentos al 3% de los parados.
Hasta el último momento
También hay que tener en cuenta que ni abril ni mayo, meses que son tradicionalmente buenos para el empleo, han sido este año tan positivos como lo fueron en ejercicios anteriores. Es muy posible que gran parte de los empresarios —sobre todo del sector turístico— hayan decidido esperar hasta el último momento para contratar, dada la mala situación económica y las inciertas perspectivas turísticas para el verano. Esta situación es la que quizá ha provocado que en junio, ya a las puertas del verano, estos empresarios no hayan podido retrasar más sus contrataciones para el verano.
Los datos por sectores y ramas de paro registrado y afiliación confirman esta tesis. El desempleo bajó en más de 52.000 personas en servicios; mientras la Seguridad Social contó a 29.726 cotizantes más en hostelería. A la aportación de los servicios hay que sumar la industria, la construcción y el colectivo de parados que no ha trabajado atnes. El paro en los tres grupos ha bajado de forma significativa. Solo creció en agricultura.
Solo los proximos meses podrán confirmar que junio ha marcado tendencia. La siguiente parada es el día 27 cuando Estadística hará públicos los resultados de la EPA del segundo semestre, determinantes.
Recortar la duración de las ayudas se contempla en el escenario más drástico
Mañana, el Eurogrupo tiene previsto fijar las condiciones del préstamo para la recapitalización a la banca y el martes, los ministros de Economía estudiarán el Plan de Estabilidad de España. Un contexto en el que el Gobierno espera que se produzca una relajación del compromiso de reducción del déficit. Mantener el mandato de reducir dos puntos anuales, pero alargar el plazo para llegar al 3% un año más sería el escenario más optimista. Una decisión que supondría que en lugar de reducir el déficit desde el 8,9% en que finalizó el 2011 al 5,3% en 2012 como está previsto, se permitiría llegar al 6,9%.
Menos gasto en desempleo
Una relajación de objetivos que no eximiría a España de aplicar recortes presupuestarios, dado que el desplome de los ingresos ha dejado en papel mojado los recortes de gasto realizados por el Gobierno. Dependiendo de los logros europeos el ajuste para cuadrar el déficit será más o menos intenso. Y el control del gasto en prestaciones es prioritario. O bien recortando la duración del disfrute del subsidio-pasar de 24 a 18 meses- o bien aplicando la ley, las sanciones por rechazar una oferta de empleo que llegan hasta la retirada de la ayuda.















