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Las tribunas en «The New York Times» de Paul Krugman (Albany, 1953), premio Nobel de Economía 2008, se han convertido en unos de los barómetros económicos más influyentes. Y polémicos. Hasta el punto de motivar la respuesta de gobiernos airados por sus predicciones y artículos en contra. Ahora Krugman presenta su nuevo libro «¡Acabad ya con esta crisis!», y justifica sus vaticinios alegando que «ayudan a entender que hay un gran riesgo que nos puede hundir a todos». Afirma que España no puede hacer nada para salir de la crisis. Todo está en manos del BCE.
-¿Qué piensa sobre el último Consejo Europeo?
-El plan de crecimiento que se ha aprobado es insignificante y no va a cambiar mucho la situación. Sobre el acuerdo para rescatar a los bancos, si bien aún no tenemos todos los detalles, me parece que ha sido una medida bastante más acertada, un paso en la dirección correcta. Eso sí, aún hay que dar veinte pasos parecidos para salvar el euro.
-¿Es una buena noticia para España?
- Lo es, pero aún así es un acuerdo incompleto ya que, si bien soluciona el problema del sistema bancario, no hace lo propio con el problema de deuda soberana ni el de competitividad, y los tres están relacionados. Este plan detiene el círculo vicioso pero ni mucho menos lo resuelve. Y deben avanzar porque estamos en una situación alarmante. Europa debe resolver su situación ya: no tienen otros dos años ni otros seis meses para aprobar más medidas. De todas formas, me siento optimista por la cumbre y creo que ahora hay un 60% de opciones de que el euro sobreviva.
-¿En qué se basa para medir las probabilidades de supervivencia del euro o vaticinar si un país saldrá de la moneda única el mes que viene?
-Son solo cálculos aleatorios. Creo que hay dos opciones: o los líderes europeos se dan cuenta de lo que hay que hacer o cae el euro. Creo que ambas tienen las mismas probabilidades. Como ahora hemos visto un ligero avance, digo lo del 60%. No son cálculos reales, solo es una forma de resumir una situación de gran incertidumbre.
-Pero, ¿un economista no debe basar sus predicciones en cálculos reales?
-Hay un gran riesgo que nos puede hundir a todos. Este tipo de «predicciones» ayudan a que la gente entienda el peligro real.
-Después de alertar de ello en «The New York Times» hace un mes, ¿continúa pensando que Italia y España sufrirán un «corralito»?
-Todo el mundo ha malinterpretado mis palabras, yo detallé el guión que se desarrollaría si el euro colapsa. El «corralito» no es una predicción, es simplemente lo que ocurrirá si acabamos al final del camino. No va a pasar en EE.UU. o Reino Unido que manejan su propia moneda, pero sí es posible en España e Italia. Que yo lo diga no quiere decir que vaya a pasar. Aún no estamos en ese punto y no me parece irresponsable teorizar sobre la realidad, sobre lo que va mal. De todas formas, si los bancos quiebran no me voy a callar.
— También afirmó que quizá fuera mejor para Grecia la salida del euro y puso de ejemplo a Argentina, que tiene una inflación del 30%...
—Argentina tuvo algunos años buenos. Creció a un ritmo muy fuerte pero hubo un momento en que se tuvo que aplicar un poco de austeridad del gasto público y no se hizo. Desde 2009 se interrumpió la historia de éxito del país por culpa de los Kirchner. Puede que el país no sea un gran modelo de crecimiento pero al menos evitaron el desastre, cosa que aún no sabemos si Grecia conseguirá.
-Postula que el ajuste del déficit público en España debe ser más lento. ¿Cómo un inversor va a confiar en un país que gasta más de lo que ingresa?
-¡El BCE es la respuesta! El BCE debe comprar esos bonos. Reino Unido paga un interés por su deuda más bajo que España a pesar de que sus déficit fiscales sean parecidos porque la gente sabe que existe el Banco de Inglaterra que compra bonos y puede bajar los tipos de interés cuando quiera. España tiene un problema de déficit pero es imposible que lo resuelva en uno o dos años. La única historia que tiene sentido para la recuperación europea es que el BCE tome conciencia de lo que debe ser. Fráncfort podría comprar bonos de deuda italiana y española, bajar tipos de interés y dejar que la inflación suba hasta el 3% o el 4%. Solo el BCE puede salvar a Europa. Lo vimos cuando bajó los tipos de interés y comenzaron las subastas de liquidez a los bancos para así permitir la compra de bonos de deuda. Las primas bajaron y se evitó el desastre. Desafortunadamente, Draghi solo actuó durante unos cuantos meses. Pero fue una demostración de quién tiene el poder de salvar Europa.
-Si fuera Angela Merkel por un día, ¿qué sería lo primero que haría?
-Dormir hasta la mañana siguiente (risas). En serio, Merkel necesita que alguien le diga que sus acciones no solo afectan a Alemania sino a toda la UE. Y que Alemania necesita a Europa. Es un debate que se lleva en privado, pero que no ha transcendido a la esfera de lo público en Alemania: los alemanes son los primeros que necesitan tipos de interés bajos y que actúe el BCE. Y eso es lo que Merkel debería comunicar. Es su trabajo.
-¿Debe bajar España salarios para ser competitiva?
-España no puede hacer nada salvo esperar al BCE. El país ya está bajando sus sueldos pero el problema es que deben ser inferiores a los alemanes. Y lo ideal sería que no fueran los salarios españoles los que cayeran, sino los germanos los que subieran. Es preferible una inflación superior en Alemania a más deflación en España. Espero que la postura de Berlín cambie, aunque no tengo grandes esperanzas. Cada día que pasa escucho dos discursos de altos funcionarios germanos: uno me llena de esperanza y el otro consigue todo lo contrario.







