Alguno puede pensar en qué hay menos «emocionante» que levantarse un día de buena mañana, acudir a su banco «de cabecera» y realizar la diligencia oportuna: un ingreso, una transferencia, poner al día la cuenta o, simplemente, cambiar unos dólares sobrantes de aquel último y casi olvidado viaje. Y hasta este gesto está estudiado por los expertos analistas que sostienen, como defiende el neurocientífico Joseph Le Doux, autor del libro «El cerebro emocional», que «la emoción es más potente que la razón» y, por tanto, también en la elección de nuestro banco y en la confianza depositada en su buen hacer hay un extraordinario componente emocional.
Quizás en esa cola que tiene que aguardar nuestro protagonista hasta ser atendido por su «bancario» particular se le crucen distintas ideas por la cabeza que tienen que ver de lleno con el tipo de relación que mantiene con la entidad que le cobija sus ahorros. Dice el conocido divulgador científico Eduardo Punset que «es muy probable que las mejores decisiones no sean fruto de una reflexión del cerebro, sino del resultado de una emoción». Y, en este caso, ¿por qué decidió este ciudadano poner su nómina a disposición de este banco o caja de ahorros en concreto?, ¿por qué sigue viniendo ante esta taquilla para concretar ciertos extremos de esta relación «conyugal» que mantiene con su entidad?
Solo uno de cada 10 españoles se declara «fan» de su banco
«Después de 30 años, el que cogí la puerta fui yo»
No suenan nada extrañas las decenas de contestaciones y aseveraciones representadas por la población muestra de este riguroso estudio. Frases de aprobación a la actuación del banco, como la que se extrae de la mujer entrevistada en cuarto lugar: «Estoy encantada, desde que tengo uso de razón era el banco de mis padres, y luego el mío, así que lo poco que tengo lo tengo con ellos, y si algún día tengo más también». En cambio, la entrevistada en séptimo lugar se queja: «A mi hermano le he dicho que ni se le ocurra, que yo sigo siendo cliente porque tengo la hipoteca, pero estoy harta...».
Entrevista número 12, un hombre de mediana edad: «Me sentía maltratado. Después de 30 años como cliente, me daban menos que al que entraba por la puerta, así que el que cogí la puerta fui yo». «Al final acabas frustrado, después de tantos años vas allí y eres un número más, hablan de personalización, de que van a estudiar tu caso, y al final cuando vas allí sacan las tablas y dicen esto es esto, y se acaba el tema», añade otro hombre de más de 50 años que tampoco alude al componente «racional». Los valores de un buen cuidado al cliente pueden recogerse también en la defensa de una mujer de unos 40 años: «Me habían hablado maravillas del banco, y tenían razón, así que ahora soy yo la que hablo bien».
Este estudio tira por tierra la creencia de que la elección del banco es un proceso racional
Hablando ya de entidades particulares, Emo Insights ha medido el «impacto» que ocasiona cada banco en su cliente y la radiografía de fidelidad que extrae es la siguiente: los clientes en los que la penetración del banco causa más satisfacciones son los de ING Direct y La Caixa, mientras que entidades como BBVA, Banesto y Bankia deben ponerse en estado de alerta porque la huella emocional que han dejado en sus «parteners» dista de ser la idónea.
Gonzalo Martín-Vivaldi, director del estudio, explica la clasificación de los clientes que han elaborado en función de su huella emocional. Han establecido las categorías de «fans, believers, followers, personas que permanecen en stand by, los reacios, quemados o burned out, oponentes»... e incluso posibles desertores del banco en los próximos meses. «Si nos centramos en la tasa de decepción generada por bancos y cajas, hay tres grupos diferenciados de entidades: el primero formado por las que tienen mayor tasa de clientes decepcionados, entre un 60 y un 65%, que incluye a Bankia, Banesto y BBVA; un segundo grupo con una tasa de decepción cercana al 50%, que incluye al Banco Santander, La Caixa y el resto de entidades; y un último en el que aparece ING Direct, con una tasa de decepción del 24,3%».
De media, tras una decepción el cliente tarda un año y tres meses en desertar
Si en el escenario general solo uno de cada diez españoles se considera «fan» de su banco (hay más oponentes que fans entre los clientes de la banca española, se infiere), esta tasa de penetración es más holgada en el caso del banco de la cuenta naranja que promociona Matías Prats, logrando que uno de cada cuatro clientes se defina de ese modo.
Los clientes españoles no son fieles
La naturaleza de la relación que mantienen los clientes españoles con su banco no es de lealtad. Los españoles no son monógamos en su relación, sino que en muchos casos se han arrojado a los brazos de más de un banco simultáneamente. Aproximadamente la mitad, el 51,1%, de los ciudadanos sí se reconocen fieles a sus parejas bancarias y a ellas se entregan en exclusividad, mientras que un 29% de los clientes divide sus gestiones entre dos bancos, un 11,1% entre tres entidades y un 8,7%, entre cuatro o más entidades al mismo tiempo. Del análisis también se desprende la conclusión de que son los clientes de Banesto los «más promiscuos», sin cargo de conciencia ninguno por compaginar 2,86 entidades de media a la par. La Caixa tiene más suerte con sus relaciones y quienes están con ella son los que menos «engaños» cometen, estando con 1,87 entidades en paralelo.
Los clientes de Banesto son los más promiscuos y compaginan 2,86 relaciones
Últimas dos conclusiones de este exhaustivo análisis. El estudio define también al sector bancario español como aquel en el que tiene más importancia el hecho de despertar emociones positivas que no generar emociones negativas. De este modo, la huella emocional de una entidad no solo determina el comportamiento de los ya clientes, sino que incide en la atracción de los no clientes, por lo que no dejar satisfechos a los «propios» no da siquiera la opción de aspirar a satisfacer a los «extraños». En estos momentos, el diagnóstico generalizado es el de que un 68,1% de los clientes actuales presenta una huella positiva, pero un 28,9% la tiene negativa, así que «el análisis final rezuma que el sector bancario español transmite síntomas de actuación emocional». Cuanto más urgentes, mejor.







