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Martín Varela, una victoria sobre ruedas

Un accidente cambió su vida, pero se niega a volver atrás. El campeón de España de tenis en silla tiene un objetivo claro: crear una escuela en La Coruña para personas con esta discapacidad y promover así el deporte profesional entre ellos

Día 09/07/2012

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Le dijeron a su madre que su hijo se moría. Así de simple. Tenía 19 años, un tractor se saltó un ceda al paso e impactó contra su moto en la carretera que le llevaba a su casa. Un milagro inexplicable hizo que cuando se despertó en el hospital se dibujara una sonrisa en su rostro porque «estaba vivo». Luego vino lo peor. Martín confiesa que tardó un año y medio en asimilar que le faltaba una pierna o, como él mismo dice, en darse cuenta de que es «cojo».

Tener una familia muy ligada al deporte y una noticia sobre un torneo de tenis en silla de ruedas fueron su mejor saque de partido. «Me interesé y fui a Ferrol, donde estaba el único jugador, por aquel entonces, Álvaro Illobre», recuerda. Al día siguiente compró una silla «de calle» y empezó a practicar con su hermano en una pista de cemento. «Aunque es preparador deportivo, mi hermano no sabía ni cómo se cogía una raqueta», bromea, por lo que el siguiente paso fue buscar a alguien que lo ayudara. Así encontró a Lorenzo, su entrenador.

A los tres meses, Martín participó en su primer torneo en Cáceres; dos años después, ganó un campeonato. Ahora, Martín Varela puede presumir de haber jugado cuatro copas del mundo con la selección española, tener una treintena de torneos ganados a nivel nacional e internacional y ser tricampeón del Campeonato de España. La última, el pasado 28 de junio en la modalidad individual. «Si me dicen con veinte años que iba a ser un deportista de élite, me da la risa». Sin duda lo es, pero nada es gratis.

Estar entre los jugadores de tenis en silla de ruedas de más alto nivel supone «mucho sacrifico». «Tengo un estanco en un pueblo de dos mil habitantes. Eso da para un sueldo, no para más». Competir le cuesta alrededor de treinta mil euros y las ayudas que recibe, tanto públicas como privadas, le cubren solamente el veinte por ciento de los gastos. «Yo siempre digo, elegí el deporte equivocado. ¿Y si volviera a elegir? Me volvería a equivocar. Merece la pena, lo tengo clarísimo».

Aunque carece de apoyo institucional -en Galicia ni siquiera está considerado como deportista de alto nivel-, Martín recibe la recompensa a su esfuerzo de la gente que lo rodea y una gran satisfacción personal porque «teniendo en cuenta las condiciones en las que juego y los pocos apoyos con los que cuento, estoy muy por encima de mis posibilidades».

El futuro lo tiene claro. «Cuando empecé a entrenar en el Club de Tenis Marineda estaba yo solo, ahora vas un martes y la mitad de las pistas están ocupadas por sillas de ruedas». Por eso, su camino se dirige hacia la docencia. «Mi meta es fundar una escuela para que la gente con discapacidad de La Coruña y comarca puedan practicar deporte». Hasta que alcance su sueño, Martín colabora con varias entidades como monitor. «Ver a un niño que los primeros días no sabía cambiarse de silla y no hablaba y ahora entra en la cancha y se come el mundo… Es lo que más me llena».

«Soy una persona feliz»

Eso sí, no dejará de competir «para seguir siendo su espejo» o, por lo menos, aquella persona que aprendió a jugar al tenis en una silla y consiguió la victoria en el partido de su vida porque «lo primero y esencial es querer».

«Hago el deporte que me gusta, estoy con la persona que quiero, vivo en el paraíso de Corme y me paso viajando cinco meses al año. Todo se resume en una frase: soy la persona que soy y soy feliz», sentencia Martín entre gran satisfacción.

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