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Las audiencias lo dejan claro. La pasada Eurocopa fue la emisión más vista de la televisión española, superando al Mundial de Sudáfrica y la Eurocopa de 2008. La palma se la llevan los penaltis de la semifinal entre España y Portugal con un récord de 18.141.000 de espectadores (83.3%).
A pesar de eso, la alegría ha durado menos que cuando Andrés Iniesta marcó el gol de la victoria ante Holanda en la final del Mundial de 2010. Quizás la cómoda victoria ante la Italia de Prandelli supo a poco. A pesar de que los aficionados enloquecieron con los cuatro tantos de España y salieron a la calle a celebrarlo, tras la fiesta de Cibeles la rutina se impone incluso ante triunfos tan memorables como el de la selección.
“Los circos de antes hoy en día ya no funcionan”
“Lo que ha sucedido" —continúa Moscoso—, "es que la sociedad se ha dado cuenta de que la alegría surgida por un evento deportivo no altera la situación en la que nos encontramos, los problemas siguen estando ahí".
A algunos les cambia la vida
En un artículo publicado en ABC en julio de 2010, Moscoso ya advertía que la felicidad derivada por el éxito de nuestra selección en Sudáfrica solo duraría unos días. “Ninguna experiencia positiva cambiaría las condiciones”. Moscoso, sin embargo, aclara que no todo el mundo lo ve de la misma manera. La gente vinculada fuertemente al deporte opina que este tipo de eventos cambian su vida.
Por otro lado, defiende que no ha influido el hecho de que estemos acostumbrados a ganar: “Ganar aporta siempre una gran satisfacción en todos los casos”. Pone el ejemplo de Rafael Nadal: “Nos tiene acostumbrados a ganar y no por ello nos alegramos menos cada vez que lo hace”, aclara el psicólogo.
Juan Carlos Jiménez Redondo, profesor de Sociología de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación en la Universidad CEU San Pablo, opina que la alegría ha sido la misma que las otras veces. Pero ha sido “una alegría muy concentrada en dos días, se trata de una alegría pasajera”, explica el docente. “Hemos intentado hacer del fútbol un alivio a la situación en la que nos encontramos y no tiene esa fuerza. El fútbol no da para más”, explica Jiménez.
Desde su punto de vista profesional, aclara que es una reacción psicológicamente normal: “Lo raro hubiese sido lo otro, que ya nada importase porque España hubiese ganado la Eurocopa".






