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Apenas transcurridas veinticuatro horas, Milladoiro seguía este jueves inmerso en su película de ciencia-ficción particular. La aparición del Códice Calixtino, encontrado el miércoles en un garaje de la localidad -propiedad del principal sospecho de hurto, José Manuel Fernández Castiñeiras- propició que todos los vecinos de la zona saliesen a la calle para averiguar los hechos de su propia mano.
Los vecinos continuaron toda la jornada engrosando la lista de sus investigaciones. «Un completo desconocido» para muchos y «un hombre de toda la vida en el bar» para otros tantos. Desconocido y distinguido a la vez porque José Manuel no tenía amigos, ni compañeros entre los vecinos de su propio edificio, ya que siempre paseaba de la mano con su mujer por las calles de Milladoiro, según apuntan sus conocidos. En las reuniones de la comunidad de vecinos -la última celebrada el 16 de mayo- «siempre daba a entender que venía de la aldea, pero no de qué trabajaba», explica una señora que vive en el bloque.
«Últimamente apenas se le veía. No iba ni a tomar un café ni un vino como de costumbre»
Todos en el lugar se declaran consternados, aunque reconocen que «él siempre fue un hombre muy extraño». Los que lo conocen un poco cuentan que nunca hizo ostentación de lo que ocultaba con alevosía y de hecho, en los últimos tiempos, «apenas se le veía; no iba ni a tomar un café ni un vino a ningún bar». Su comportamiento cambió en los últimos meses, quizás consciente de que el dedo acusador estaba muy cerca de él.
Varios de sus familiares anotan que no quieren saber nada de lo sucedido, e incluso uno de sus sobrinos recordaba a ABC las palabras de su madre -y hermana de José Manuel-, que al enterarse zanjó: «Preferiría que estuviese metido en la droga que haber robado el Códice». Sin embargo la hermana del sospechoso, María Fernández Castiñeiras -conocida en el lugar de Ortoño como «María do Rego»- no quiso dar declaraciones a este medio.
En la última reunión de vecinos, el electricista sacó un billete de 500 euros
«Imposible hacerle sonreír»
De pantalones cortos todo el año, relatan en un bar cercano que «era imposible hacerle sonreír». Hombre hermético, callado, serio, sin amistades, tachado por sus familiares y muy vengativo. Este es el perfil del hombre que pudo colarse por la puerta de atrás de la Catedral de Santiago.






