Los diferentes directores recibieron los honores por la defensa de las obras clásicas durante 25 años en un acto que inauguró el Festival
El idilio entre la CompañíaNacional de Teatro Clásico y el Festival de Almagro se rubricó ayer en el acto de entrega del 12º Premio Corral de Comedias, que coincide con el 25 aniversario de una compañía que nació del empeño de uno de los pilares del teatro español del siglo XX, Adolfo Marsillach. «Si enseñáramos a los niños a jugar con Lope de Vega, el teatro clásico no tendría tanto rechazo», lo dijo un Marsillach de hace más de dos décadas en un vídeo que se proyectó en el acto de entrega, al que no faltaron todos los directores que han pasado por la compañía nacional, la directora del Festival del Teatro Clásico de Almagro, Natalia Menéndez, el académico de la Real Academia de la Lengua, Luis María Ansón, el alcalde de Almagro, Luis Maldonado, el secretario de Estado de Cultura, José María Lasalle, el delegado de la Junta de Comunidades en Ciudad Real, Antonio Lucas-Torres, la diputada nacional Carmen Quintanilla y la presidenta de Castilla-La Mancha, Maria Dolores de Cospedal, entre otros representantes políticos y de la cultura.
En un acto en el que sirvió también para dar el pistoletazo de salida a una edición que «con menos se ha hecho más, una programación brillante», dijo Cospedal en referencia a la gestión de Menéndez, se rindió homenaje también a la literatura del siglo de oro, con la representación de escenas de las obras «El caballlero de Olmedo», «La Celestina» y «Don Gil de las Calzas Verdes» interpretados por Adriana Ozores, marian Arahuetes, y Pepa Pedroche.
Cada uno de los directores que han pasado por la compañía agradecieron el nombramiento del Festival de Almagro y recordaron a su vez su experiencia por la primera compañía pública de España, «un trabajo en cadena» al que Eduardo Vasco, director desde 2004 hasta 2011 encontró sus orígenes en «esa saga de actores que defendieron el teatro de la palabra, el verso, quienes trajeron la llama del teatro clásico».
Luis María Anson, académico de la Academia de la Lengua, fue el encargado de dedicar un «laudatio» a la Compañía Nacional, de quien destacó su legado, subrayando, al mismo tiempo, que el público que disfruta en Madrid de las obras clásicas supera «al que disfruta del fútbol». Ansón rememoró a Ortega y Gasset para definir el teatro, «es un espejo que se coloca delante de la sociedad para reflejarlo como es».
Supervivencia del Festival
En una edición tan cuestionada meses atrás como esta por la merma en el presupuesto, la presidenta de Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal, despejó toda duda afirmando que la Junta de Comunidades «seguiremos apoyando este festival que por muy difíciles que sean los tiempos hay que recordar como Unanumo, que quien mas sepa más libre es, y yo creo que en ello», afirmó, porque «es responsabilidad de los políticoss no hablar de dar libertad, sino de que las personas puedan ser libres a través d ela cultura». Según Cospedal la cultura «no es patrimonio de nadie, porque debe ser disfrutado por todos».
La presidenta de Castilla-La Mancha puso en valor a las obras clásicas subrayando la actualidad de todas ellas, donde «las virtudes de sus personajes» están presentes en la vida diaria de la sociedad actual, como «el orgullo por el trabajo bien hecho y el pundonor, el respeto a la palabra dada o el respeto por el otro».
Por su parte, el alcalde de Almagro, Luis Maldonado, recordó los orígenes del Festival y su caminar junto a la Compañía Nacional, cuyo nacimiento provocó un «alivio» por que según él, ya «no se tendría que esperar a un productor osado para llevar nuestros clásicos, porque la Compañía defiende los textos de siempre». Y así lo ha hecho en Almagro, donde la Compañía de Teatro Clásico Nacional ha estrenado al menos una obra en cada edición en la ciudad que conserva el Teatro de Comedias más antiguo del mundo. El mérito más reseñable según Maldonado, es que la Compañía ha logrado «que los clásicos no nos produzcan escozor y que el teatro español se vea en todo el mundo»
La historia del premiado
Fue en 1986 cuando Adolfo Marsillach puso en pie la Compañía Nacional de Teatro Clásico con el objetivo de recuperar y difundir el patrimonio cultural del teatro clásico español. Según sus propias palabras, «una compañía que pudiera llegar un día hasta Mihura, como los franceses han llegado a Genet y los ingleses a Pinter, pero pasando, deteniéndose, estudiando, y sobre todo, amando a Calderón, a Lope, a Tirso, a Moreto, a Rojas, a Cervantes o a Alarcón».
La obra elegida para poner en marcha la trayectoria de esta compañía, fue «El Médico de su honra» de Calderón de la Barca, un montaje que iniciaba el recorrido que la CNTC ha dibujado hasta nuestros días, bajo la dirección de Adolfo Marsillach, Rafael Pérez Sierra, Andrés Amorós, José Luis Alonso de Santos, Eduardo Vasco y Helena Pimenta, actual directora de la compañía. Un recorrido en el que se va forjando la prolífica relación que la CNTC viene manteniendo con el Festival de Almagro, reconocido sustento de esta compañía surgida hace ahora algo más de 25 años.
Desde 1986, el Festival de Almagro ha sido testigo de cada estreno de la CNTC y juntos han intentado situar el teatro clásico en el lugar que se merece. En este sentido, se han visto obras adaptadas por destacados escritores de cada momento como Carmen Martín Gaite, Luis Alberto de Cuenca y Fernando Savater, entre otros; trabajos que han contado con dirección escénica de señalados nombres de la escena nacional como José Luis Alonso, Miguel Narros, José Carlos Plaza, Pilar Miró, Calixto Bieito y Ana Zamora, y de la internacional, como Jeane Pierre Miquel, Maurizio Scaparro y Ariel García Valdés; obras con música original de grandes compositores de nuestro país como Carmelo Bernaola, Tomás Marco, José Nieto, Luis Delgado, Mariano Díaz y Gregorio Paniagua; adaptaciones de autores premiados como Juan Mayorga, Gonzalo Torrente Ballester o Francisco Ayala, y respetados actores y actrices de nuestra escena como Amparo Rivelles, Jesús Puente, Josep María Pou, Adriana Ozores y Carlos Hipólito.
Revisar la trayectoria de la CNTC es, por lo tanto, abarcar y entender la historia del Teatro Clásico en España. A lo largo de estas más de dos décadas, la compañía ha sabido devolver a la escena, clásicos de nuestro teatro con impecable factura. Desde las obras más celebradas del Siglo de Oro Español, como El castigo sin venganza, de Lope de Vega y La Dama Duende, de Calderón de la Barca, hasta algunas menos conocidas como La venganza de Tamar, de Tirso de Molina, y de perfil internacional, como El Misántropo de Molière.
Sin duda, un mapa de nombres que no hace sino reforzar el sello de calidad que impregna a esta compañía, que ha sabido crecer y cristalizar su legado en otros apéndices escénicos como la Escuela de Teatro Clásico, nacida en 1987, y la Joven Compañía, en marcha desde hace cinco años.



