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Y que lo tengan en cuenta en Canarias, que sin Europa poco o nada puede contar
MONTI y Rajoy aunaron esfuerzos en Bruselas en un no tan soterrado enfrentamiento con Merkel para intentar salir de un atolladero, que no es un problema de sus países sino de toda Europa y del que todavía no se vislumbra el final. Y en Kiev se alinearon con sus respectivas selecciones, que se enfrentaban en la final de la copa de fútbol de Europa que se resolvió con un resultado, contundente, que la dejó en manos españolas, evidenciando que el final y la final eran (y son) cosas distintas.
La final, resuelta, y el final lejos de resolverse. El fútbol no es problema, sino anestesia que, intermitentemente, difumina preocupaciones y angustias. Europa es, tal y como ha apuntado en estas mismas páginas no hace muchos días José María Carrascal, un problema equiparable al cubo de Rubik, en el que cuando una cara se arregla otra se desarregla. Ahí están las de Irlanda, Portugal y Grecia, más o menos reordenadas, mientras Alemania sigue insistiendo en que ahora son las de España e Italia las que necesitan recomponerse. Pero el plante de sus presidentes en Bruselas ha servido para dejar claro que la reordenación del cubo exige un cambio de enfoque, conscientes de que si bien Europa fue la cuna de Occidente, hoy es en los Estados Unidos donde está asentado, con irradiación a más lugares, y que para recuperar o participar de forma preeminente en su liderazgo, como apunta Carrascal citando a una autora norteamericana gran conocedora de Europa, tropieza con la gran dificultad de que mientras en los EE.UU. prevalece la unidad sobre los Estados que lo componen, en la UE son los Estados los que prevalecen sobre la Unión, sin unidad fiscal ni financiera.
De esto hablaron en Bruselas, olvidando diferencias, los presidentes español e italiano, contando, circunstancialmente, con el apoyo del presidente francés, convenciendo a los demás de que la UE tiene que ser algo más que una moneda común y de que el futuro del euro se estaba jugando en Italia y España, criterio que al final se impuso pero que no es ni mucho menos el final de la crisis, sino un principio bien acogido por los mercados y que hace pensar que se está en el buen camino, aunque siga encontrando oposiciones en algunos países de la Unión.
La final del campeonato europeo de fútbol pondrá en sordina durante unos días la búsqueda del final de un proceso que, de no resolverse, puede dejar a Europa fuera de juego. Y si en el campeonato europeo España jugó, para muchos, aburridamente, al llegar a la final fue capaz de imponerse con brío y jugando muy bien. Y es lo que, después de enseñar sus cartas con un órdago en Bruselas, tendrán que hacer Rajoy y Monti, responsables de las dos selecciones, la campeona y la subcampeona de Europa. Y que lo tengan en cuenta en Canarias, que sin Europa poco o nada puede contar.



