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Los obispos denuncian «la destrucción del matrimonio por vía legal»

Las leyes vigentes en España «no reconocen ni protegen al matrimonio en su especificidad»

Día 04/07/2012 - 19.36h

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La Conferencia Episcopal Española (CEE) ha hecho público esta mañana el documento “La verdad del amor humano. Orientaciones sobre el amor conyugal, la ideología de género y la legislación familiar”, que ha presentado su portavoz, Juan Antonio Martínez Camino. Los obispos recuerdan que el origen del amor no se encuentra en el hombre, sino que «la fuente originaria del amor es el misterio de Dios mismo, que se revela y sale al encuentro del hombre». Ese amor originario previene contra toda concepción voluntarista o emotiva del amor.

El amor conyugal es una comunidad de vida y amor; un amor plenamente humano y total, que ha de ser fiel y exclusivo; fecundo, abierto a la vida; en el que tiene sentido entregar la libertad para siempre.

En el capítulo cuarto, el documento analiza dos corrientes de las que vienen las propuestas que distorsionan la consideración del hombre hecho a imagen de Dios y, derivadamente, las imágenes del matrimonio y de la familia.

Una es el espiritualismo, en el que la corporeidad se ve como un obstáculo para el amor espiritual. La otra es la «ideología de género», según la cual «cada uno puede optar en cada una de las situaciones de su vida por el género que desee, independientemente de su corporeidad». Con una cultura pansexualista de fondo, que termina por considerar bueno el uso del sexo como un objeto más de consumo, la ideología de género deriva hacia el permisivismo más radical y en última instancia hacia el nihilismo más absoluto. «No es difícil constatar las nocivas consecuencias de este vaciamiento de significado: una cultura que no genera vida y que vive la tendencia cada vez más acentuada de convertirse en una cultura de muerte».

La significación del término «matrimonio» ha sido desfigurada hasta incluir bajo esa denominación algunas formas de unión que nada tienen que ver con la realidad matrimonial. Los obispos denuncian las estrategias de difusión de la mencionada ideología en el ámbito legislativo y, sobre todo, en el educativo con el objetivo de educar en sus postulados, ya desde la infancia, a las jóvenes generaciones, y de evitar cualquier formación auténticamente moral sobre la sexualidad humana.

Afirman también que reconocer lo diferente es justicia, no discriminación, en alusión directa a lo que ha ocurrido en algunos países, en los que, con el pretexto de superar antiguas discriminaciones, se han dado disposiciones legales que reconocen como matrimonio formas de convivencia que nada tienen que ver con la realidad designada por ese nombre.

En España, «se ha ido más allá, puesto que no solo se equipara el matrimonio con otro tipo de uniones, sino que se ha redefinido la figura jurídica del matrimonio». La Ley de 1 de julio de 2005 lo ha convertido en una convivencia afectiva entre dos personas cualesquiera, con la posibilidad de ser disuelta unilateralmente por alguna de ellas, solo con que hayan transcurrido tres meses desde la formalización del contrato. Se trata de una legislación insólita. Lo que está en juego no es solo una cuestión de palabras. «No podemos dejar de afirmar con dolor –señalan la CEE- y también sin temor a incurrir en exageración alguna, que las leyes vigentes en España no reconocen ni protegen al matrimonio en su especificidad. Asistimos a la destrucción del matrimonio por vía legal».

En la rueda de prensa, el portavoz episcopal, Martínez Camino, insitió en que el Estado no puede contribuir con la llamada Educación para la ciudadanía a deseducar en el amor, o a que se «instrumentalice la educación para que se eduque en la ideología de genero». Subrayó que uno de los elementos de la crisis, uno muy importante, «más importante que las finanzas», es «el maltrato a la familia».

El portavoz episcopal esperaba de «estos políticos» que ahora gobiernan, y de «cualesquiera otros», «una política familiar más justa», y que «los gobernantes se decidan a romper clichés basados en concepciones trasnochadas de la libertad que causan un daño social tremendo».

Estábamos ante un asunto que no eran «manías del clero sobre el sexo», ni se trataba de «amargar la vida a la gente», sino al revés, de «hacerla feliz y de que las relaciones sociales vayan bien».

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