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Joaquín Díaz, sendero del juglar

El etnógrafo zamorano recupera un compendio de romances que vio la luz por primera vez en 1978, en formato vinilo, y que ahora se presentan en tres cds y un dvd. De este modo, este amplísimo legado de la tradición oral y musical permite centrar en su justa medida la Historia de España en una mezcla de leyendas y mitos

Día 04/07/2012 - 09.17h
Joaquín Díaz, sendero del juglar
ical

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Acaba de salir, con el sello de la Wagner Music Spain, la esperada recopilación de los Romances de Joaquín Díaz. Cuatro esplendorosos discos compactos que uno escucha sin pestañear porque el investigador y musicólogo castellano, que ha colmado una de las carreras más decisivas en la canción popular, va siempre en pos de una sapiencia modestísima: deslumbra por su trabajo metódico, produce música sin arrasar ningún precedente, crea su propio ámbito musical sin imponer la dictadura de la genialidad, y deja que los demás triunfen aún cuando le sean deudores de no pocas influencias. Se cumplen ahora, precisamente, 45 años de la retirada de Joaquín Díaz como concertista o de la música en directo. ¿Por qué razón abandonó una ocupación tan atractiva? Era facilísimo arrasar con las voluntades y sentimientos del espectador sin exigir demasiado de sí mismo. Él me lo explicó hace unos días con sencillez pasmosa: «No fui capaz de aguantar una responsabilidad tan fuerte: cada noche había que estar en plena forma, y esto sólo se consigue si eres un consumado actor o sacas recursos de la nada. En cualquiera de los casos, la sinceridad se resiente, y no».

Cancionero de Romances —que ahora podemos escuchar sin acudir a los discos de vinilo o a las distintas versiones incompletas que posteriormente se han ido ofreciendo en versión digital—, ocupó gran parte de la música en directo que desarrolló Joaquín Díaz entre 1968 y 1977. En aquellos años se componía otro tipo de música y, sin embargo, optó por lo más complicado y original: sacar a la música en romance de sus registros tradicionales. Toda una experimentación reflexiva que implicaba una labor muy ardua: definir, en primer término, un proceso selectivo de la música popular y, en segundo lugar, configurarla en un ritmo moderno. Aquello gustó y, además, triunfó, porque lo que se cantaba hace 500 años, y subsistía en el consciente popular, Joaquín Díaz lo hizo tan particular que parecía nuevo y, a la vez, de una hermosura arcana.

Esta es la razón por la que, al escuchar ahora estos 4 cds en resurrección digital, la audición se convierte en un poderío melódico. ¿Serán estos romances los mismos que en los años 60 y 70 reconocíamos por la literatura universal y, sobre todo, porque había en ellos una música que, como indicaba Calderón, «fue el imán de mis sentidos»? Pues sí, exactamente los mismos y con la voz melodiosa que, en 9 años, fue cambiando las imágenes y las sutilezas del tono como quien inventa los sentimientos. Aquí están exactamente todos los romances tal y como fueron concebidos: los tradicionales, los novísimos y también los propios. ¿Quién no escucha, por ejemplo, la preciosidad del Conde Olinos sin un estremecimiento? ¿O el hit parade que supuso durante siglos el romance de San Antonio con ese colorismo optimista que sirvió como remedio de todas las causas perdidas? ¿O «El enamorado y la muerte» que lo inventa Joaquín Díaz en uno de esos arranques de conmoción que, con un dolor nebuloso, se da de bruces con la pérdida concreta y referencial del alma?

45 años

Lo que sí ha cambiado en estos 45 años —y en estos cuatro cds se conserva esa vibración con sus escondites casi imperceptibles pero bien registrados— es la voz del cantautor. Conserva aquella misma gravedad argentina de los principios que se escuchó por igual en Europa, América y Asia con un éxito devoto, pero ofrece una maestría —fruto de la investigación y del concepto filosófico y casi místico de la vida como experiencia— que gobierna los recursos de cada romance como si los sentimientos se alojaron solos en una sociedad que se resiste al paso del tiempo, y como si el lenguaje del romance fuera la persuasión que armoniza todos los espíritus. Aunque sólo fuera por las variantes eufónicas que estos romances cifran —la investigación del folklore popular en Joaquín Díaz es mucho más porque es inagotable en filosofía y recursos etnográficos—, se justificaría esta recopilación y una vida en plenitud sonora. No se puede pedir más a una fidelidad tan cumplida.

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