Toledo

Toledo

¿Quién teme a Paco Rabal?

Revisitada Nazarín, una obra maestra de Galdós y Buñuel

Día 03/07/2012 - 14.49h
En 1959, una pequeña producción mexicana de un enorme Luis Buñuel se alzaba con el Premio del Jurado en el Festival de Cannes, probablemente el más prestigioso del mundo. Se trataba de una adaptación de la novela Nazarín, de Benito Pérez Galdós, editada en 1895,. Lo que en la novela de Galdós era una peculiar road movie sobre un iluminado descalzo que, acompañado de dos arrepentidas de la «mala vida», limosnea a cambio de trabajo, sana enfermos y conforta moribundos por el suroeste de Madrid (los Carabancheles, Campamento, Móstoles, Polvoranca, Sevilla la nueva, Villamantilla y Villamanta) y el norte de Toledo y Castilla-La Mancha (Méntrida), Buñuel lo traslada al México profundo de la época de Porfirio Díaz, pero respetando en lo sustancial el espíritu del texto galdosiano: una meditación sobre la inutilidad de la caridad en un mundo injusto y brutal.

Compartir

El cura Nazario, en la novela genuino «moro manchego» (un cura que practica con radical pureza el crístico mensaje de poner la otra mejilla) y en el film de don Luis un sacerdote católico hijo de españoles, es encarnado por un inolvidable Paco Rabal, en el momento acaso cenital de su carrera, tan dilatada como para alcanzar casi el centenar de títulos de largometrajes entre los años cuarenta y el nuevo milenio, unas pocas pero memorables incursiones teatrales (incluyendo una aplaudida versión de La muerte de un viajante y unos cuantos clásicos magníficos) y la encarnadura televisiva del carismático Juncal, que tanto lo marcó en el tramo final de su carrera, hasta el punto de preguntarnos donde acababa Juncal, ese torero retirado mujeriego y bondadoso, y el verdadero Paco Rabal, bondadoso y mujeriego bajo su aspecto arriscado y un tanto fiero.

Ideada y escrita en el arranque del tramo final de su grandiosa carrera literaria, esta fábula tan quijotesca de Galdós aparece claramente influenciada por el anarquismo espiritualista de Tolstoi. Veamos cómo describe el autor a su héroe, un «santo práctico» en palabras de Clarín: «Era de mediana edad, o más bien joven prematuramente envejecido, rostro enjuto tirando a escuálido, nariz aguileña, ojos negros, trigueño color, la barba rapada, el tipo semítico más perfecto que fuera de la Morería he visto: un castizo árabe sin barbas.» Aunque nacido en la populosa villa ciudarealeña de Miguelturra, el actor que mejor podía encarnar a ese cura Nazarín, sería finalmente un actor natural de la murciana Águilas aunque criado en Madrid. Energía, ternura, empatía, misticismo cargado de humanidad, notas de humor: un sinfín de registros actorales es lo que Rabal despliega en esa obra maestra, considerada la sexta en el ranking de las cien mejores películas del cine mexicano. Y una estampa física emblemática, magnífica, que sin duda ayudó a promoverlo al estrellato de los grandes galanes internacionales de los primeros sesenta. Efectivamente, tras Nazarín, Paco Rabal acredita trabajos en películas dirigidas por grandes del cine europeo como Antonioni, Chabrol o Visconti.

La relación entre Paco Rabal y Luis Buñuel fue de mutua admiración y franca amistad. Puede que a don Luis le recordara el que fue: esa juventud de pugilatos amateurs y turbulentas escapadas al frente de su jocosa Orden a un Toledo laberíntico y nocturnal. Una suerte de trasunto de sí mismo; en todo caso, un doble espejo. Sobre el maestro de Calanda declaró el murciano universal: «Leo todos los días sus memorias como si fueran una biblia. Fue un gran creador. Por su físico parecía un hombre duro, pero era la persona más tierna que he conocido, era fiel a la amistad y a sus amigos; era muy puntual y con gran sentido del humor, infantil y muy severo con sus hijos, parecía chapado a la antigua. Desde el primer día que nos conocimos, fuimos muy buenos amigos y nos llamamos tío y sobrino hasta su muerte.» Tras Nazarín, cineasta y actor colaboraron otras dos veces: en Viridiana (1961) y en Belle de jour (1966), dos nuevos éxitos internacionales.

Parafraseando a don Mariano de Cavia, se puede decir con toda justicia que, gracias al genial trabajo actoral de Paco Rabal en la película, Nazario Zaharín tiene asegurado desde su nacimiento un puesto preeminente no sólo en nuestro panorama literario sino también en nuestro cine (pues nuestro fue siempre don Luis, incluso dirigiendo bajo bandera francesa o mexicana) y en el cine universal.

En la adaptación que firmaron Julio Alejandro, Emilio Carballido y el propio Buñuel, aparte de trasvasar la acción desde la meseta sur a un México desolado, pedregoso y profundo, se produjeron otras alteraciones. Toda la acción se ruraliza, omitiéndose el carácter urbano del primer tercio de la acción de la novela, íntegramente localizada en la pensión o «casa de las amazonas», que estaba situada en las proximidades de la madrileña calle de Toledo, para Galdós la calle más hermosa del mundo. Al tiempo, el protagonista, al iniciar su «camino de perfección» en medio de pestilencias e imperfecciones, no alcanza nunca a instalarse, como en la novela, plenamente en el campo, para poder sentir en él la proximidad divina. Una especie de establo suplanta en la película al romántico castillo en ruinas donde finalmente alcanzan refugio y cierto sosiego Nazarín y sus fieles discípulas Ándara y Beatriz.

Cuando el personaje huye de Madrid, su estado anímico es pesimista en grado sumo: «el mundo es muy malo, la humanidad inicua, traidora y no hace más que pedir eternamente que le suelten a Barrabás y que crucifiquen a Jesús». Al traspasar la puerta de Toledo, Nazarín «creyó que salía de una sombría cárcel para entrar en el reino dichoso y libre del cual su espíritu anhelaba ser ciudadano». Camino de los Carabancheles, ya se va animando («cuán hermosa la naturaleza, cuán fea la humanidad») y tras vadear el río Guadarrama, el paisaje se alegra con cuidados huertos y «manchas de verde arboleda». En Méntrida, final del recorrido, acceden por fin a un «lugar ameno y relativamente rico, rodeado de una fértil campiña», donde, después de haberse lavado en un arroyo, los peregrinos sienten cambiados sus ánimos: «frescos los cuerpos, contentas las almas».

Otro episodio que la adaptación minimiza, si no elimina, es el encuentro (una cena plagada de sabroso debate) entre el cacique Pedro de Belmonte y Nazarín, al que aquel toma por un patriarca ortodoxo encubierto y peregrino. Es una pena porque este personaje, un irascible déspota al que Galdós presenta como gigante y dragón, es un antecesor del inolvidable capitán Haddock de Tintín, con sus sartas de insultos pintorescos: «gandules, renegados, beduinos, zulúes…» Todo un carácter digno de verse en la pantalla.

En España, un país tan ácrata por otro lado, somos prisioneros en demasía del criterio de las autoridades. Si Luis Buñuel rodó Nazarín, ¿para qué rodarla de nuevo? Si Francisco Rabal encarnó al cura Nazarín, ¿qué actor actual podría asumir el reto de encarnar por segunda vez al cura giróvago natural de Miguelturra? Personalmente, creo que sería muy conveniente y hasta necesario este segundo Nazarín, rodado entre Madrid y Castilla-La Mancha, más fiel a la letra galdosiana así como el de Buñuel lo fue a su espíritu. Seguro que ni don Luis ni su sobrino tendrían reparo alguno en dar su oportunidad o incluso la alternativa, por ponernos juncalianos o taurinos, a un proyecto de estas características. Sobre directores, consagrados o noveles y hasta inéditos, no nos pronunciamos, pues haberlos para una empresa así los hay entre nosotros y más que emergerán, una vez se relance nuestro cine armonizando apoyo público, que no debe faltar, con crédito, mecenazgo y retornos de taquilla. Para actores, tenemos también un amplio elenco de nazarines posibles, pero pienso ahora en el magnetismo de Eduardo Noriega o en la versatilidad contundente de Javier Bardem. Cualquiera de los dos daría vida a un Nazarín magnífico.

Lo dicho: de cara a este nuevo Nazarín, español y del siglo XXI, ¿quién teme a Paco Rabal?

¿Quién teme a Paco Rabal?
  • Compartir

publicidad
Últimos vídeos

Fallecen dos motoristas al salirse de la vía en...

Lo último...

Hemeroteca

La portada de...

Un día en tu vida:

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.