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Nacida en Nigeria hace 32 años y afincada en Hamburgo (Alemania) desde 1998, Nneka Egbuna es una de las más rutilantes estrellas del nuevo soul europeo. Elegante, sofisticada, pero también enérgica y orgánica, la música de Nneka se beneficia, según su propia responsable, «del hecho de haber viajado a través de dos continentes, de dos culturas diferentes, aunque, por supuesto, relacionadas. El mundo ahora es absolutamente global y está interconectado, de modo que hay una constante influencia entre unas y otras regiones, pero creo que cada una conserva su propia identidad, y eso es enriquecedor».
Con ella viaja su tercer y más reciente disco, «Soul is heavy», en el que Nneka reconce la influencia de artistas clásicos (cita a Marley, Fela Kuti o Keziah Jones), pero defiende que «al margen de que esté más o menos cerca de un género u otro, mi música es esencialmente una colección de mis sentimientos y emociones, un reflejo artístico de mi vida».
Compañera inseparable desde su adolescencia, la música no fue nunca, en realidad, un objetivo en sí mismo: «Para mí todavía constituye toda una sorpresa estar dedicándome a esto; la verdad es que nunca lo pretendí, ni siquiera me lo planteaba. Empecé a hacer música como forma de terapia, para poder sacar de mí cosas que me preocupaban. Escribir y cantar mis propias canciones hacía que me sintiera mejor. Resultó que a la gente le gustaba, así que empecé a tomármelo más en serio».






