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La Banca Islámica de Desarrollo (BID), un organismo con sede en Arabia Saudí, acudió ayer en auxilio del nuevo presidente islamista de Egipto, con la concesión de una línea de financiación de mil millones de dólares (unos 800 millones de euros) destinados a la compra de petróleo y alimentos. La agencia oficial de noticias egipcia, Mena, no dio detalles de las condiciones ni del mecanismo de financiación.
La ayuda saudí se produce en un momento económico especialmente difícil para Egipto, el más poblado de los países árabes, que conoce una aguda crisis desde el comienzo de la revuelta contra la dictadura, en febrero del año pasado. Más de un año de inestabilidad política y social se ha visto acompañado por una caída significativa de los ingresos por turismo -una de sus principales fuentes de divisas- y el desplome de las inversiones extranjeras.
Según el gobierno egipcio, el dinero saudí será empleado en primer lugar para la compra de trigo, producto de primera necesidad que el país necesita importar en enormes cantidades.
Un día después de la toma de posesión de Mohamed Mursi como primer presidente islamista de la historia de la república egipcia, la ayuda financiera saudí de urgencia es un balón de oxígeno para el dirigente de los Hermanos Musulmanes, que sigue librando un pulso por el reparto de parcelas de poder con las Fuerzas Armadas.
La solidaridad del más integrista de los regímenes árabes no será suficiente para Mursi, consciente de la necesidad vital que tiene Egipto de recuperar la confianza del turismo y de las inversiones occidentales. El Cairo negocia, además, desde hace meses un crédito de 3.200 millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional.










