Economía

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El fuero de Rajoy, el huevo de Almunia y la falsa moneda de Merkel

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La subida y reestructuración del IVA, el céntimo verde, la liberalización de horarios y el apoyo a los emprendedores forman parte de las medidas urgentes que serán aprobadas a lo largo del mes de julio

Día 02/07/2012 - 13.41h

Un pan como unas tortas, una mano al cuello y, a la postre, una trampa saducea para empotrar a España en el ojo del huracán de la gran crisis del euro. Los 100.000 millones de Santa Ángela sólo han servido para exagerar los males del sistema financiero, demonizar al Banco de España y elevar el coste de la deuda soberana a niveles de rescate oficial. Al final, ni tanto ni tan calvo, pero el mal ya está hecho porque los ciudadanos han incorporado las debilidades generales del país en el metabolismo de sus preocupaciones cotidianas y cada vez son menos los españoles que se sienten mejor con Rajoy de los fuertes dolores que sufrían con Zapatero.

El Partido Popular viene padeciendo el desengaño de una acción política que evidencia la enorme diferencia entre pregonar desde el púlpito de una oposición responsable a dar trigo como inquilino de un poder bajo arresto domiciliario. Si la economía es también un estado de ánimo, el alma de la España en recesión se ha puesto negra como un tizón y el Gobierno ha perdido en medio año gran parte de la credibilidad que alumbró su mayoría histórica en las últimas elecciones generales.

La petición de S.O.S. para la banca debe ser la última concesión de una política de apaciguamiento que tiende a hacer de nuestro país un protectorado de Alemania bajo la coartada del euro. Por eso es básico que España se sacuda el sambenito de ese estado de sitio o supuesta intervención supranacional, fruto de la indolencia socialista pero que también fue empleado por el grupo popular como arma arrojadiza en su desafío electoral contra Rubalcaba.

Rajoy corre el riesgo de empacharse con su propia medicina y antes de que la prima de riesgo produzca una oclusión intestinal, los asesores del núcleo duro y cercano al presidente han recetado un régimen de nuevas alianzas que, a la postre, ha permitido bajar los humos a la señora Merkel. François Hollande ha irrumpido con aire fresco en El Elíseo pero España tiene que alejarse lo más que pueda de Vichy y ajustar el paralelo con la Roma de Monti hasta configurar un eje Mario-Mariano con el tito Draghi como compañero de fatigas.

La simbiosis con el primer ministro transalpino se ha escenificado con gran éxito de público y crítica en el Consejo Europeo de esta semana. Por fin una reunión de la plana mayor comunitaria se ha saldado con acuerdos efectivos que alivian la reputación de las dos grandes economías del arco mediterráneo. La compra de deuda soberana por parte de los fondos de rescate europeos y la asistencia financiera a la banca española sin pasar por el FROB suponen el más importante triunfo político cosechado por Rajoy desde que llegó a La Moncloa y deben servir como anticipo del nuevo contrato que el Gobierno tiene que suscribir con esos casi 11 millones de ciudadanos que el 20-N votaron pensando que el cambio no sería necesariamente a peor.

Desde entonces a hoy los grandilocuentes mensajes de sudor y lágrimas han catalogado al agradecido elector con la etiqueta del exprimido contribuyente dentro de una metamorfosis quizá natural en nuestro sistema democrático, pero que puede llevarse por delante al PP con el mismo viento huracanado que arrasó hace seis meses al PSOE. España padece la crisis con una patología muy genuina donde los remedios puntuales no han hecho más que sangrar al enfermo sin mayores visos de recuperación a medio plazo.

La medalla de oro conseguida en Bruselas no es más que un aval para seguir apretando los dientes ante una crisis que puede partirle la boca al más pintado. Rajoy no es partidario de falsas euforias y consciente de la que se avecina ha dado instrucciones a Cristóbal Montoro y Luis de Guindos para que formen tándem en la elaboración de un decreto ómnibus que deberá estar listo y dispuesto para su aprobación en Consejo de Ministros a mediados de mes.

El Gobierno quiere volver sobre sus pasos para recomponer la agenda reformista y abrir un boquete de luz en el túnel de la crisis. El plan de choque será agridulce y comprenderá medidas urgentes y amargas como la subida del IVA, los impuestos a la generación eléctrica o el céntimo verde junto a otras más azucaradas entre las que sobresale la liberalización de los horarios comerciales o la prometida regulación de apoyo a los emprendedores. La austeridad indispensable se combina con el crecimiento necesario a fin de asegurar la creación de empleo en un país deshonrado por una tasa de paro del 25% que no se puede aguantar y mucho menos justificar con el pretexto de una economía sumergida tan irredenta como reprobable. La infamia está dentro de casa y aunque Europa seguirá mandando un huevo que diría Joaquín Almunia, lo que ahora se juega Rajoy es su fuero y el de todos los españoles.

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