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No es bueno que las instituciones culturales, como el Museo Thyssen, estén sometidas a tanta tensión. Desde que, en febrero de 2011, se planteó por primera vez la posibilidad de que la viuda del barón pusiera a la venta el cuadro «La esclusa» de Constable, quedó patente que la decisión provocaría un pequeño terremoto. Por su complejidad, porque el patronato de la Fundación Thyssen-Bornemisza se cimenta en un equilibrio harto inestable y porque la posible, o futura, o deseable, adquisición de la colección de Carmen Thyssen por parte del Estado se parece cada vez más a un laberinto sin salida.
Todo es tristemente legal, burocráticamente impecable
Un problema de gestión cultural
Al final, el problema es muy concreto. Es un problema de gestión cultural. Un cuadro importante, para algunos fundamental, de las colecciones que dieron lugar a la institución va a dejar de estar accesible. Además, no es el único cuadro de la colección del barón que, en vida o por testamentaría, acabó en la colección de Carmen Thyssen. Esos regalos y esa herencia coinciden con lo mejor que muestra en sus salas.
¿Por qué no se hizo una lista de cuadros que no se pueden vender?
Papel estelar de la baronesa
Porque hablamos de eso. De una cultura que los españoles hemos aprendido a querer y a aceptar como propia. Y no de cualquier manera sino por el esfuerzo colectivo y la inteligencia que nuestros servidores públicos de entonces pusieron en su empeño para adquirirla como un valor indudable para España (con un papel estelar de la baronesa). Y todo esto merecía mejor continuación.
El Ministerio no ha tenido previsión, o medios, para evitar este desgaste
A lo mejor la razón asiste a quienes piensan que el caso no es para tanto, sobre todo en medio de tantos problemas. Que es legal y punto. Pero ese es un pensamiento inflamable cuya proyección pondría en entredicho buena parte de lo que somos, la cultura que somos. Cuesta pensar que debamos conformarnos con las malas noticias. Y esta, sin duda, lo es.




