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Una joya sin una gota de agua

Los vecinos de Chamberí reclaman que de la fuente del Lozoya vuelva a manar agua como cuando se construyó

Día 01/07/2012 - 12.27h
jaime garcía
La fuente es una alegoría del río Lozoya, que abastece de agua a los madrileños
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El río Lozoya es una pequeña joya para los madrileños. Tanto, que en 1858, y a cargo de Sabino de Medina —el entonces escultor de la Villa— se construyó una alegoría del río que da de beber a los ciudadanos. Se trata de la Fuente del Lozoya, emplazada en la arteria Bravo Murillo, 49. Está adosada a uno de los muros del Primer Depósito del Canal de Isabel II, construido entre 1853 y 1859 y proyectado por el ingeniero Juan de Ribera Piferrer para traer agua desde dicho río hasta la capital.

Sin embargo, algunos habitantes del castizo barrio de Chamberí —donde se encuentra la escultura— se quejan de que no cumple la función para la que esta obra de arte fue creada. De su caño no hay agua que corra, por lo que vecinos como Antonio Delgado y su mujer, que viven en la zona desde hace más de 30 años, aseguran que «así sólo consiguen que pase desapercibida, con lo bonita que es». Además, está verjada, por lo que ni turistas ni madrileños pueden sacarse una foto de recuerdo con ella o contemplarla como muchos quisieran.

«Es una pena que no se arregle. Quizá con tantos recortes, ahora no es el mejor momento, Pero es que lleva años y años sin que sea una fuente de verdad», explica María Teresa Valle de 58 años, una vecina del barrio. Según pudo saber este diario hace unos meses, la fuente del Lozoya, propiedad del Canal, está en desuso porque «provoca humedades en las dependencias que tiene detrás» —el Archivo Central del Canal—. Al parecer, se desconoce dónde están las tuberías para solucionar el problema.

Valor arquitectónico

Muchos aseguran que la Fuente del Lozoya es una pariente lejana de laFontana de Trevi (Roma). Y es que, según explican los expertos, se trata de una fuente muraria con un toque romántico. Aquí, el río está personificado en un joven de esbelta línea, que pisa con uno de sus pies una vasija sobre sobre un conjunto de rocas, que da forma a una cascada.

Hace once años, la escultura se restauró con motivo del 150 aniversario del Canal de Isabel II. Al parecer, ha sido la única vez —tras el cierre en 1894 por filtraciones— que de la fuente manó agua, de una manera que encandiló a los que pudieron disfrutar del espectáculo. Sin embargo, al día siguiente hubo que cortarla, pues el agua se salía por las juntas, empapando la calle.

Quizá la fuente no luzca como muchos querrían, pero recuerda a los ciudadanos que el río Lozoya está en nuestros grifos y en nuestra arquitectura.

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