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Lamenta Inocencio Arias que ninguno de los presidentes españoles fuera capaz de hablar con fluidez el inglés, «la lengua fundamental para andar por el mundo». Sostiene que Zapatero ha sido el que peor se ha manejado en el ámbito internacional, mientra que González, Aznar, Suárez y Calvo-Sotelo lo hicieron con dignidad y responsabilidad. Ya jubilado de la carrera diplomática, a la que entró en 1967 para después dirigir la secretaría de Estado de Cooperación Internacional o la embajada ante la ONU, repasa en «Los presidentes y la diplomacia» el papel de España en el mundo de la mano de los presidentes de la democracia española.
Adolfo Suárez
«Los que viajamos con él pudimos empaparnos de su entereza, de su sentido del Estado y de la dignidad de su cargo. En su primera visita a París, Giscard, que parecía mirarlo como a un advenedizo y que pretendiendo ignorar la Constitución española quería tener como interlocutor al Rey, no salió a recibidor a la escalinata de entrada al Elíseo como es habitual. Incluso cuando dentro del palacio Suárez enfilaba el primero de los salones al fondo de los cuales se vislumbraba la puerta entreabierta del despacho del presidente francés, éste no aparecía. El español, para estupor del Protocolo, se paró en seco y se detuvo a examinar detenidamente un cuadro. Alguien sugirió que siguieran y nuestro presidente escudriñaba más aún el cuadro y permaneció clavado ante él hasta que el "monarca" Giscard se dignó salir de su despacho y venir a acogerlo».
«Los que viajamos con él pudimos empaparnos de su entereza, de su sentido del Estado»
«Su percepción [EE.UU.] del político español fue mejorando sustancialmente con el tiempo, lo que nos lleva a las relaciones con Estados Unidos en la era de Suárez. (…) Voló relativamente pronto, en marzo de 1977, a la capital del imperio americano, justo después del viaje a México que hemos mencionado. (…) Su ignorancia del idioma inglés costó que Carter se limitara a recibirlo un rato sin ofrecerle un almuerzo».
Leopoldo Calvo-Sotelo
«Él y su gobierno tuvieron que tranquilizar a los gobiernos y círculos económicos extranjeros; el abortado golpe había tenido un considerable impacto en los medios de información mundiales, enorme en los occidentales y, por supuesto, en los iberoamericanos. Es decir, en los que más nos importaban».
«Señor embajador, estamos en España, y en España esa pregunta es inconstitucional»
«En el primer viaje del Papa Juan Pablo II a España, la noche anterior de la breve visita que el Pontífice iba a girar a Loyola, el ministro del Interior informó a Calvo-Sotelo que sus servicios habían captado una llamada telefónica (…) de la que podía extraerse la conclusión de que los terroristas vacos preparaban un atentado en Loyola durante la estancia del Papa. Calvo-Sotelo abandonó a la carrera la cena en la que se encontraba y, una vez en La Moncloa, pidió a su gabinete que le pusieran con el primer ministro Mauroy. El ayudante francés que recibió la llamada intentó echar balones fuera dando a entender que su jefe no podría hablar hasta la mañana siguiente. Calvo-Sotelo cogió el teléfono y (…) le espetó: "Comprenderá usted que si el presidente del Gobierno español llama al primer ministro francés a las once de la noche de un viernes es porque necesita hablar con él a las once y tres". Mauroy finalmente se puso. (…) El presidente español extrajo la conclusión de que los tics legalistas galos en el tema de ETA, dada la gravedad del asunto, eran una pizca exagerados. Llamó al Papa y le indicó que había que adelantar la llegada a Loyola en una media hora y que el helicóptero debería posarse en un lugar diferente del previsto».
Felipe González
«El "reinado" de Felipe González marca un momento notable de la presencia de España en la escena internacional. Dentro ya de la Comunidad, Felipe González supo "estar" en Europa; tuvo una envidiable popularidad en Iberoamérica, donde promocionó los procesos de paz y la defensa de los derechos humanos; fue respetado en Estados Unidos y oído con atención (él escuchó con similar cuidado) por conocidos líderes de la escena internacional –Gorbachov, Den Xiaoping–, algo que producía satisfacciones a los profesionales de la diplomacia no ideologizados».
«Felipe González supo "estar" en Europa»
«Las relaciones con la Cuba de Castro del gobierno socialista, correctas en buena parte del período de González, sufrieron serios altibajos y el líder español acabaría desengañado, con la impresión de que Fidel era incorregible y que mientras estuviera en el poder las posibilidades de cambio, incluso las de reforma económica, eran muy escasas».
José María Aznar
«El pecado del gobierno de Aznar de la época [1996] fue querer que los cubanos, sin injerencias externas, comenzasen una transición política. No veo mucho matonismo ni injerencia en querer par laos cubanos lo mismo que para los argentinos de Videla, los chilenos de Pinochet o los españoles de Franco».
«El terrorismo ha desempeñado un papel determinante en la vida de Aznar»
«El terrorismo ha desempeñado un papel determinante en la vida de Aznar y en su conducción de la política internacional. (…) El 11 de septiembre se producía en la capital del mundo el mayor atentado terrorista de la historia (…) La solidaridad con Estados Unidos fue total en un primer momento. (…) España estuvo fugazmente de moda. En las abundantes cenas a que fui invitado en esos meses eran numerosas las personas que se acercaban y me susurraban: "Thank you"».
José Luis Rodríguez Zapatero
«En su desplazamiento a la sesiones de la ONU en la Asamblea de septiembre de 2008, nuestro presidente Zapatero [decidió] invitar a la familia iberoamericana. (…) Zapatero y sus asesores dedujeron que era justo y necesario que nuestro presidente subiera el listón. (…) ¿Por qué no invitar a unas trescientas personas? (…) Todo estaba preparado, el discurso de Zapatero, del que nunca sabremos si aportaría un nuevo y excitante ángulo de la Alianza de Civilizaciones, estaba cocinado, cuando, avanzada esa jornada de septiembre, ¡cataplás!, ocurrió algo inesperado… totalmente inesperado… (…) Al presidente Zapatero no le apetecía ir a "su" cena. El cuerpo no se lo pedía, él parece ser así, y dejó a todo el mundo plantado».
«Al presidente Zapatero no le apetecía ir a "su" cena. El cuerpo no se lo pedía»
«Más aspaventosa, por lo ingenua y voluntarista, es la historia amorosa frustrada entre Obama y Zapatero, el encandilamiento de nuestro presidente por el americano. Es quizá el detalle más revelador de la idiosincracia de Zapatero. (…) Que de una conversación telefónica de unos diez minutos, y con intérprete, pueda deducirse que ha brotado una química especial entre los dos políticos dice bastante de la ingenuidad de nuestro presidente».






