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Si David Ferrer consiguió ser uno de los ocho hombres que disputaron la cuarta ronda del Abierto de Australia y logró meterse en las semifinales de Roland Garros, en Wimbledon —el tercer Grand Slam de la temporada— le toca seguir avanzando. El quinto del mundo es el único español que sigue vivo en el torneo londinense y ya tiene el billete para los octavos de final, a costa de Andy Roddick (2-6, 7-6(8), 6-4 y 6-3).
A 212 kilómetros por hora sentenció el estadounidense el primer set del partido, que controló de principio a fin gracias a un efectivo primer servicio. David Ferrer solo tenía algo que decir cuando los puntos se disputaban desde el fondo de la pista. El tanto estaba perdido si Roddick se aproximaba a la red, el alicantino era incapaz de plantarle cara. Dos roturas de saque seguidas y un viento que hacía intratable la bola cuando éste tocaba en contra, impidieron al español aparecer en toda la primera manga.
En el segundo juego del segundo parcial el alicantinó despertó, sacudió su primer golpe en la red y tuvo claro que debía sacar de la pista al tres veces finalista de Wimbledon. Durante el set Ferrer jugó sus cartas y mantuvo a Roddick en el fondo. En concreto el estadounidense jugó un 87% de los golpeos detrás de la línea de fondo, mientras que en la primera manga solo permanecería tan lejos de la red en un 48% de golpes.
El español irrumpió en el tercer set ganando tres juegos seguidos. Ferrer hizo los deberes pronto pero Roddick recuperó el saque cedido en una jugada maestra en la que combinó un revés cortado y una bola a media pista que pilló al español a contrapié. En el «tie break» el alicantino propició una retahíla de derechas ganadoras y golpes en la red que mostraban a un tenista cada vez más cómodo. Se iba haciendo dueño del partido, el sol ocupaba la totalidad de uno de los campos y el viento pasó a segundo plano.
Ferrer evita la red
Nada tenía que ver el Ferrer del tercer set con aquel del primero. El estadounidense, que por primera vez exclamaba en voz alta que las cosas no le salían como quería, no encontró los mismo huecos. La red cada vez era un recurso más en el recuerdo y desde el fondo de pista los golpes perdían efectividad. A un metro de ella Roddick mandó fuera la bola con la que cedía otro saque. El alicantino crecía y crecía en su tenis, se atrevió con el primer revés paralelo. Cerraba los juegos con saques directos y el set con un servicio impecable, una derecha cómoda y una volea impensable hacía una hora.
El cuarto set fue casi un trámite para Ferrer. A pesar de que demoró la rotura del saque hasta el séptimo juego, dominó cada punto ante un Roddick desaparecido, que aguantaba el chaparrón mientras Ferrer despachaba golpes ganadores de un lado a otro de la pista, en la que ya apenas se percibía el viento y los rayos de sol decoraban la central del All England Club. El viento impulsó a Roddick, el sol iluminó a Ferrer, que se enfrentará en octavos de final al argentino Juan Martín del Potro.






