En Vídeo
En imágenes
Bajarse de un autobús con las peores fachas que uno pueda llevar y ser admirado por un pueblo entero como si fuera una auténtica estrella de cine o de rock. Como si nunca antes hubieran visto otro ser humano fuera de sus lindes. Como si estuvieran viendo extraterrestres, los habitantes de los pueblos ribereños de Ambalema y Beltrán (pertenecientes a los departamentos de Tolima y Cundinamarca, respectivamente), recibieron ala Ruta Quetzal BBVA 2012 por todo lo alto, al más puro estilo “Bienvenido Mr. Marshall”. Lo cierto es que se excedieron en sus posibilidades, teniendo en cuenta las limitaciones económicas de estas dos aldeas dedicadas fundamentalmente a la siembra y recolección en el campo.
Pero nunca antes les habían visitado, confesaban. Era una experiencia, un hito, para el recuerdo (y lo fue para ambas partes) y todo se hacía poco para sus invitados. Tocaban el pelo de los extraños ojipláticos, les pedían sucesivamente hacerse una foto, querían los correos electrónicos para hablarles y pedían, incluso, autógrafos. “Estoy temblando de hablar contigo. No me lo puedo creer”, confiaba una joven de 16 años a uno de los ruteros para sorpresa del admirado.
Abuelos, padres y niños querían tomar contacto con los recién llegados. “Qué pena me da decirle esto, pero ¿podría hacerme una foto con usted?”. Con extremo respeto, “Sí, señor/a”, con un cariño incondicional, los lugareños se atrevían a regalar objetos personales a los huéspedes y les concedían sus bendiciones. Fue un baño de masas desorbitado. Los “quetzales” estaban asombrados y, también, abrumados.
Atravesando el Magadlena en «chalopa»
De Ambalema se partió hacia Beltrán atravesando el Magdalena en una “chalopa” (una canoa techada con capacidad para diez personas). Navegamos durante cuatro o cinco kilómetros mientras la Virgen de la Canoa -que sacan en excepcionales ocasiones- capitaneaba las embarcaciones. Al pisar tierra beltranuna, una banda dio la bienvenida con música local, se sucedían los carteles con mensajes, gente que vestía sus mejores galas y la entrega de obsequios. La escena era similar a Ambalema.
Los expedicionarios comieron en la plaza del pueblo con la comida que sus habitantes habían preparado. La degustación fue acompañada de una demostración de bailes regionales. La alcaldesa aprovechó la ocasión para inaugurar una biblioteca para su gente (curioso, ocupaba dos estanterías de estilo Ikea).
El colofón llegó con una demostración de “chalanería”, un deporte nacional que consiste en exhibir caballos de paso. Los ruteros se fueron con las manos, el estómago y el corazón repletos. Se quedan cortas las palabras para narrar lo vivido. Espectacular.
La primera parada fue Ambalema (3.000 habitantes), conocida la ciudad de las 1.001 columnas, de estilo andaluz. Desde que los expedicionarios y los que les acompañábamos pusimos pie en el pueblo, sus gentes se volcaron con todos. Fue una apasionante experiencia por ambas partes.




