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Las trabas de Enrique Peña Nieto, candidato a la Presidencia de México

El favorito para hacerse con Jefatura del Estado arrastra el lastre del pasado autoritario y corrupto de su partido, el PRI

Día 27/06/2012 - 13.03h

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Enrique Peña Nieto, candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la Presidencia de México, no sólo arrastra el «estigma» de ser fotogénico y de estar casado con una estrella de telenovelas (Angélica Riviera, «La Gaviota»), lo que le ha asegurado la exposición mediática y la acusación de ser una suerte de marioneta diseñada y manejada por el duopolio televisivo.

El favorito en las encuestas para los comicios del próximo domingo ni siquiera debe lidiar sólo con sus rivales y con el movimiento estudiantil #YoSoy132, que ha calentado la campaña electoral con la intención de evitar que el PRI recupere el poder que ejerció de manera hegemónica durante siete décadas.

No. El exgobernador del Estado de México tiene también que apechugar con el pasado reciente de su partido, lastre engrosado por un sinnúmero de casos de corrupción, ineficacia en la gestión pública y autoritarismo en las entidades que el PRI mantuvo bajo su control durante los dos últimos sexenios, los correspondientes a las presidencias de Vicente Fox y de Felipe Calderón.

La lista de gobernadores bajo sospecha es larga: Mario Marín, en Puebla. Jesús Aguilar, en Sinaloa. Eugenio Hernández, en Tamaulipas. José Reyes Baeza, en Chihuahua. Ismael Hernández, en Durango; José Natividad González Parás, en Nuevo León; Eduardo Bours, en Sonora. Fidel Herrera, en Veracruz. Félix González Canto, en Quintana Roo. Ulises Ruiz, en Oaxaca...

Pero dos son los casos más sonoros y recientes, que han puesto en aprietos a una candidatura encarrilada hacia la victoria. En agosto pasado, la Secretaría de Hacienda daba a conocer que el Estado de Coahuila había contraído una deuda de 34.000 millones de pesos (2.100 millones de euros), equivalente a 2,75 veces sus ingresos disponibles. Además, algunos créditos obtenidos por la región fueron tramitados mediante documentos falsos.

La bancarrota se había producido durante el mandato de Humberto Moreira, que en el momento de conocerse la noticia era el máximo dirigente nacional del PRI. Cuando Moreira se hizo cargo del gobierno estatal, en 2005, Coahuila tenía una deuda de 323 millones de pesos (18 millones de euros).

Dimisión

Finalmente, Humberto Moreira tuvo que presentar su dimisión como presidente del PRI, nueve meses después de asumir la dirección del partido. Para lograr un ahorro anual de 450 millones de pesos, la actual administración –que dirige Rubén Moreira, hermano del anterior– ha despedido a 2.100 empleados de confianza.

Aún más sangrante es el caso del exgobernador de Tamaulipas, Tomás Yarrington, a quien la dirigencia priista ha suspendido de sus derechos como militante mientras se determina su situación legal en los tribunales de Estados Unidos. Tomás Yarrington se enfrenta a acusaciones por lavado de dinero y supuesta colaboración con los cárteles del Golfo y de Los Zetas durante su mandato, entre 1999 y 2004.

En Tamaulipas, una de las regiones más castigadas por la violencia del narcotráfico y donde no es exagerado hablar de «Estado fallido», también son objeto de investigación el antecesor y el sucesor de Yarrington: Manuel Cavazos y Eugenio Hernández Flores.

Un asesor del PRI en la campaña define a Peña como «un buen operador político que sabe forjar equipos». Y pone como ejemplo que haya sabido unir en torno suyo a todas las familias del PRI.

Sobre si Peña será capaz de romper con el «lado oscuro» de su partido, en el supuesto de que alcanzara la Presidencia, Javier Garza, director de «El Siglo de Torreón», opina en la web «Animal político»: «No creo que vaya a haber un rompimiento radical con personajes que han significado escándalo para el PRI. Pero sí tendrá que tomar acciones contra algunos de ellos. El pasado priista se ha convertido en el principal lastre de Peña y por lo mismo sería su principal fuente de “ilegitimidad” a los ojos de un amplio sector del electorado».

En este sentido, José Carreño Figueras, investigador del Centro de Diálogo y Análisis sobre América del Norte por el Instituto Tecnológico de Monterrey, señala que «no veo posible que Peña Nieto pueda gobernar sin el apoyo de los "dinosaurios" y no veo que los otros aspirantes puedan gobernar sin al menos el acatamiento de esos mismos "dinosaurios" a la voluntad del electorado. En cuanto a la corrupción, no se circunscribe a un solo partido. La pregunta sería mas bien si cualquiera de los candidatos puede gobernar sin incluir a personajes, entidades, organizaciones corruptas o corruptibles, y la respuesta es no».

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