Pilar es una toledana llena de encanto y personalidad, es referencia pura de aquellas ascendientes ingeniosas y repentinas a quien la Reina Isabel se refería al decir que ante su presencia chispeante sentíase ella un tanto necia. En nuestra amiga se acusa, además, la elegancia y la discreción, así como una calidad humana excepcional.
Recuerdo a su padre, Julián Montero, de generosa humanidad en el noble y doble sentido de la palabra, uno de los precursores del trasporte en Toledo con la famosa empresa «El Rápido». Julián iba dejando por doquier una estela de bondad, hidalguía y elegancia como el perfume de delicioso de sus envidiables habanos.
Pilar, esposa del carismático Joaquín de los Reyes, decano del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Industriales de Toledo, abrió una tienda de Alta Costura, denominada «Libélula», en la Avenida de la Reconquista, número 8. Corría el año 1975. Por el exquisito recinto, decorado genialmente por sus amigos Masao y Harumi, ha desfilado a lo largo de estos 36 años de actividad lo más granado de la sociedad toledana y sus aledaños, así como lo más bello de la moda internacional. Todo un hito.
Pero todas las cosas tienen su principio y su fin, y a Pilar le ha llegado la hora del descanso y la relajación después de tantos años de intensa inquietud, velando para que ni un solo detalle se escapara de sus ágiles manos de aristócrata trabajadora. Porque, como decía Cervantes : «La sangre se hereda y la virtud se aquista, y la virtud vale por si sola lo que la sangre no vale».
No es este «Alcaná» precisamente la crónica manida de unos ecos de sociedad que cuenta en su historia con distinción y belleza, pero de manera efímera y un tanto superficial.; es el canto obligado a quien es portadora de valores entrañables para todos los que hacen una verdadera legión a su lado; es el deseo del mejor futuro para la persona a quien admiras y quieres.
Por eso me alegra brindar en este momento importante con Pilar Montero y dedicarle las palabras que don Quijote la hubiese obsequiado como auténtica Dulcinea de la gracia y de la simpatía: «…hermosa sin tacha, grave sin soberbia, amorosa con honestidad, agradecida por cortés, cortés por bien nacida, y, finalmente, alta por linaje, a causa que sobre la buena sangre resplandece y campea la hermosura con más grados de perfección que en las hermosas humildemente nacidas». La cita, aunque larga, creo que para tales honores ha merecido bien la pena.







