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Canarias / desde mi escaño

El «CColoso» en llamas

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Quizá ya haya llegado la hora para que Paulino dé un paso al costado

Día 25/06/2012 - 15.59h

A Rivero ya no le pueden ver ni los suyos. Hace algo más de una semana que se celebró el cónclave de CC y aún quedan demasiados fuegos sin extinguir y que amenazan, además, con reavivarse a las primeras de cambio. Basta que los vientos alisios desaparezcan del panorama de las cumbres de Anaga para que en la calle Galcerán todo empiece a quedar más chamuscado que el edificio ultramoderno de «El Coloso en Llamas».

Lo cierto es que al Petit Napoleón de El Sauzal y al hombre tranquilo de Fuerteventura, el señor Barragán (no confundir con aquel humorista harapiento que salía en «No te rías que es peor»), no les debe haber sentado nada bien haber salido del congreso nacionalista con un respaldo que es claramente inferior al 60%. Lo irónico de todo este desastre es que quienes más peros le han puesto al dúo «corchopán» han sido los pesos fuertes de la isla de Tenerife. Quizá, viendo la trayectoria demoscópica del partido en los últimos años, Ana Oramas, Manuel Hermoso o Ricardo Melchior han alzado la voz (aunque sea en voto secreto) sobre la necesidad de un cambio de rumbo. Cada vez se acerca más el temido momento de salir del Gobierno de Canarias y los dirigentes de más trayectoria en Coalición Canaria no están por la labor de ver cómo su general les lleva a una derrota inexorable, a un Waterloo de imprevisibles consecuencias.

Lo que sí mantienen tanto el señor Rivero como el señor Barragán es que no se producirán purgas o represalias contra todos aquellos que han dejado evidencias de su disconformidad con las formas y maneras en las que se está llevando la gestión de Coalición Canaria. Faltaría plus. Si se toman cumplida venganza por votar en contra, entonces tendría que escindirse casi la mitad del partido, y eso, a los que conocemos al final como se cocinan ciertas cosas en la política canaria, no interesa. Aquí se unen ideas contrarias y discrepancias al peso con tal de no perder la poltrona, el carguito o la pequeña dirección general para mayor gloria de los Cien Mil Hijos de San Paulino.

Veremos a ver cómo discurre el rumbo de CC en los próximos meses, pero a Rivero y a su séquito se les ha dado un aviso importante que no deberían desdeñar. Y es que cuando en CC se huele el miedo a perder cuota de poder, a pesar de que las elecciones no serán hasta 2015, comienzan los tembleques y las flojeras de piernas. Quizá ya haya llegado la hora para que Paulino dé un paso al costado, pero quien lleva décadas acostumbrado a ser la salsa de todos los platos, parece difícil que tenga la suficiente altura de miras como para abandonar sus cargos.

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