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«Si este libro no existe en nuestro país, tendré que escribirlo yo», bromeaba Diego Arjona cuando buscaba, sin éxito, alguna monografía sobre los mitos del cine de acción de su juventud. Van Damme, Stallone, Schwarzenegger y otros tantos cuyas películas tenían más tortazos que argumento: Jackie Chan, Bruce Lee, Christopher Lambert, Steven Seagal, Wesley Snipes, Vin Diesel, Bruce Willis y el icono de la virilidad patriótica americana, Chuck Norris.
Arjona repasa en «Los brazos fuertes del cine de acción de los 80 y 90» la carrera de los pectorales más prominentes de la gran pantalla. Actores que ahora rondan los 60 –Van Damme tiene 52, Stallone 66, Arnold 65 y Willis 57–, pero que durante décadas han protagonizado películas que, para bien o para mal, todo el mundo recuerda: Rambo, Terminator, Conan el Bárbaro, Jungla de Cristal o Duro de matar.
«¿Dónde dice que Billy Wilder y Stallone sean cosas incompatibles?»
¿No cree que todas las cintas son similares (el bueno, el malo, la chica, los tiros, las persecuciones...)? «¡Ah! Eso lo dices porque no has visto muchas películas», señala. «Las buenas tienen héroes con carisma y buenos directores, como James Cameron». Y es que el aclamado director de Titanic había firmado, antes de «congelar» a DiCaprio, Terminator, Alien. El regreso y el guión de la segunda parte de Rambo.
El libro es un cajón lleno de sorpresas y guiños imperceptibles para los no iniciados. Por ejemplo, el subtítulo de Cobra (1985) era «El brazo fuerte de la ley», ¿les suena de algo? El volumen recoge también una selección de pósters promocionales y fotografías de altura: Mel Gibson con la melana al viento en Arma letal, los primeros pinitos de Schwarzenegger en el cine...
El futuro del género
Arjona cree que se está produciendo un pequeño renacer de las películas de acción, «el último coletazo antes del fin definitivo», señala. Desde finales de los noventa, se ha producido un progresivo abandono de este tipo de filmes. Un agotamiento del género que ha dado paso a otro tipo de héroes (los del cómic) y a largometrajes rebosantes de efectos especiales «que nadie se traga».
La película Los mercenarios reunió en 2010 –bajo la batuta de Silvester Stallone– a muchos de los «brazos fuertes» presentes y pasados del cine en una especie de apoteósis que Arjona considera «un adiós por la puerta grande». El fin con el que soñaban los fans del género que, como él, «brincaban sobre las butacas cuando Rocky estaba a punto de perder contra Ivan Drago, cuando se preguntaban si Schwarzenegger se ducharía después de matar al Depredador o si Van Damme estaba hecho de goma al ver cómo se abría de piernas entre dos sillas».
La segunda parte de Los mercenarios se estrenará en agosto y contará, esta vez sí, con un Chuck Norris que tiene nada menos que 72 años. Los músculos no duran para siempre. Las explosiones y las llaves imposibles se impusieron a los western; ahora los superpoderes, los filmes de animación y los estrenos en 3D harán lo propio con las cintas mamporreras. El autor lo sabe y, ametralladora en mano, rinde este pequeño gran homenaje documental a los tipos más sudorosos de su infancia.







