Pocos días antes de que España cayera ante Francia en los cuartos de final de la Eurocopa de 2000 (quién no recuerda el fatídico penalti de Raúl), los jugadores de la selección francesa confesaban que Zidane tenía una influencia especial sobre el equipo que habían echado en falta.
El 10 de la selección francesa campeona del mundo había decidido dar un paso al frente y suceder a un Deschamps en horas baja, convirtiéndose en el faro de un barco que hoy parece a la deriva, después de la gran pelea protagonizada por los jugadores en el vestuario tras la derrota contra Suecia. Una batalla campal en la que, según «L’Equipe», Ben Arfa llegó al decir al seleccionador que se volvía a Francia y en la que Samir Nasri tuvo que frenar a Alou Diarra por faltarle al respeto. «Nos lanzamos misiles, despertamos algunos demonios», relató Malouda.
La nueva expresividad de «Zizou» en la Eurocopa de 2000 fue una bendición para el equipo
Y aunque en esta Eurocopa todos han alabado su juego y coinciden en situarla entre las favoritas junto a España, lo cierto es que a esta Francia le hace falta un líder como Zidane, el hombre capaz de calmar a las fieras con tan sólo entrar en el vestuario. El gran capitán que estabilice la embarcación y marque el camino dentro y fuera del campo. Como ocurría con «Zizou», al que muchos calificaban entonces como «el último gran señor del deporte rey».
Zidane, el retraído
Y no fue fácil para él, el genio retraído, el jugador de una timidez exagerada que se advertía en cada gesto. El hombre que evitaba a la prensa y que no podía ocultar su desagrado por los actos sociales, tuvo que acostumbrase a ver su rostro continuamente en la televisión, los periódicos, los anuncios y en las paredes de las ciudades más grandes, después de haber sido elegido mejor jugador del año en 1998.
ABC, en 2000: «Zidane es el punto de referencia de la selección frances»
Pero una Eurocopa era diferentes, y Zidane se reestableció para la gran cita, volviendo a convertirse en una de las mayores referencias del fútbol europeo. Los más cercanos aseguraban que algo cambió en su carácter, que se deshizo de parte de esa timidez y esa aura que le perseguía desde los tiempos de Marsella, donde no le veían como un líder. Esa es la razón de que anteriormente hubiera cedido el cetro a Deschamps, que era todo carácter. Él podía ser el mejor, sí, pero no podía acaudillar a la tropa, según creían, pero se equivocaron...
Zidane, el nuevo líder
La nueva expresividad de «Zizou» al llegar a la Eurocopa fue una bendición para el equipo. Ya no era aquel jugador serio y cabreado que expulsaron en el Mundial de Francia, y sus rivales lo sabían: «La clave para controlar el partido será neutralizar al líder del equipo galo, Zidane», aseguraba ABC el mismo día del partido.
Zidane: «No quiero que terminen los partidos, no quiero se paren nunca»
Había aparecido el Zidane que necesitaba Francia, el mismo que en 1998 decía: «No quiero que terminen los partidos, no quiero se paren nunca. Por eso muchas veces salgo corriendo a por el balón cuando ha salido de banda. Lo hago porque no quiero parar de jugar». Una actitud bien diferente a la que les reprochaba a sus jugadores Laurent Blanc hace unos días, cuando les dijo que parecía que el equipo «no estaba en la Euro, sino que estaba de fiesta». Y esperemos que así sigan hoy, como una hidra sin cabeza, por la cuenta que nos trae...






