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Un cartel con lo mejorcito del indie nacional pero sobre todo internacional, turistas por doquier, sombreros de paja, bikinis y baños de cerveza… Ayer, la segunda jornada del festival Día de la Música –que comenzó el jueves con el homenaje a Morente de Los Evangelistas– convirtió Matadero Madrid en un lugar de peregrinación para todos los jóvenes amantes del pop-rock más modernete, con una enorme afluencia guiri. Igualito que el Festival de Benicasim.
Con un sol de justicia que daba gusto despistar en los chorros de agua vaporizada, la música comenzó a sonar cerca de las cinco de la tarde, cuando muchos estaban ya dirigiéndose hacia el Escenario Rockdelux para no perderse a uno de los pocos reclamos lustrosos de la representación patria, el antaño sombrío Sr. Chinarro, que repartió con gracia los caramelos en forma de canciones que siempre lleva en sus bolsillos.
Ante el solapamiento de conciertos, Lee Fields pareció la mejor idea para calentar ánimos, y la apuesta quedó recompensada con el descomunal arrojo escénico del soulman, cuya actuación fue seguida por otra descarga de adrenalina a cargo de la singular St. Vincent, que acabó tirándose al público en pleno desbarre punk.
Bear in Heaven y JD McPherson fueron las sorpresas de la jornada
Una escena insólita en un festival se vio ayer: una cola gigantesca para ver un concierto. Los Tindersticks acababan de llegar de Barajas y una gran masa cruzó el recinto para coger sitio en la nave que aloja el Escenario Rockdelux. Mientras, Bear in Heaven y JD McPherson daban las sorpresas del día, los primeros con una curiosa actuación que acabó con destrozo de teclado incluido, y el segundo con un rock de primera clase bastante inesperado en el Matadero.
James Blake hizo funcionar como un reloj su neo-soul electrónico, dejando extasiadas a las primeras filas pero un tanto mustios a los menos receptivos. Y ahí estuvieron Mendetz y Two Door Cinema Club para echar las campanas al vuelo. Los barceloneses dando un repertorio ideal, y los irlandeses haciendo bailar a tope con un bolo vitamínico que incluyó cuatro temas nuevos, y que sacó los primeros sudores sin el astro rey presente.
Menos luminosos pero igual de contundentes y mucho más épicos sonaron The Raveonettes, que dejaron un buenísimo sabor de boca para afrontar el despiporre de la Casa Azul, que dejó con muchísimas ganas de juerga rondando la una de la madrugada. Pena que aquí no haya playa.








