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Reunirse con Ariel Rot y Leiva bien merece brindar. Con cerveza o cualquier otro brebaje que recorra las heridas el rock and roll. No solo por la amistad y por la música, sino también (¿por qué no?) para abandonar el lado grotesco de la vida. Ambos habían colaborado en varias ocasiones, pero será el próximo 27 de septiembre en Madrid (Sala But) cuando hagan realidad uno de sus sueños: reunirse en un escenario.
Se tenían ganas. Y era inevitable que sucediera tal que así. La conexión entre estas dos generaciones de rockeros ha surgido, desde el principio, de manera natural. «Hay gente con la que toco y participo e, incluso, compongo, que sí noto el cambio generacional y que son los ‘mayores’. Y con Ariel nunca nos ha ocurrido eso. Manejamos el mismo lenguaje, vamos hacia el mismo sitio, incluso el sentido del humor es el mismo y estamos manteniendo encendida una cosa que viene de hace mucho tiempo», explica en una entrevista con este diario.
Ahí es donde el bonaerense, bien atento a sus palabras, aparece en la conversación para recoger el balón asistido de buen grado por el madrileño. «Ellos, que en esa época eran los Pereza, hicieron algo que pocos grupos hacen; que es intentar acercarse». Recuerda que ha tocado con grupos que ni se acercan a saludar. «Ellos no solo se acercan, sino que me llamaron 'oye, estamos grabando, ¿por qué no te vienes a tocar?'. Siempre hicieron ese esfuerzo. Lo más natural es que esa escena se una y no se vaya así como dispersándose de generación en generación».
Sí, se introduce el flaquito del sombrero por la banda para rematar. «Pero ocurrió por mi manera de entender la música. La gente que tenía banda en los 70 tenían bandas entre ellos. Y yo pensaba 'esto funciona así. Ariel, estamos aquí, ¿te vienes a grabar?'. Y al final...»... al final no le deja acabar su compañero de fatigas para apoyarse en un «descubrimos», demostrando esa simbiosis que existe entre ambos, «que la diferencia de edad no significa absolutamente nada».
Ambos artistas, que prometen para ese concierto una velada de «amistad, música y cerveza», tres los ingredientes que más les gustan en la vida, comentan que se perdieron el reciente concierto de Bruce Springsteen en Madrid. Cada uno por sus respectivas razones. A saber. Ariel se encontraba de gira por Argentina, Leiva dándole «las últimas puntaditas» a su huerto. Una casa en Gredos. «Tengo 50 tomateras, pero me dijeron que 4 horas de show». Eso fue. Un gran espectáculo. «¿Pero cuándo hace pis este señor?», bromea el ex de Los Rodríguez.
«Más o menos te puede interesar su obra o no, pero es un obrero del rock». Se refiere a Springsteen, que «lleva toda la vida trabajando por esto y para esto», el mismo que «representa los valores íntegros del rock llevados a la enésima potencia». El concierto del Santiago Bernabéu, el más largo de su carrera, ha sido una muestra más de su talante. «De toda la vida, ha salido a un escenario cuarenta y cinco minutos más de lo que tendría que tocar. Y la gente lo recibe como que 'este tío hace que una entrada merezca la pena'».
¿Acaso el rock es una música comprometida o tendría que ser así? Esa es la pregunta. Y esta la respuesta de Ariel, que se lanza primero al ruedo, que genera un debate entre ambos digno de presenciar. «En mi caso, crecí en los 70 en Argentina. En un momento muy politizado. Sufrí tal sobredosis de música contestataria, de protesta, de militancia política... que nunca más quise ni escucharla ni a tocarla». Lo dice porque en su repertorio, en su extenso repertorio, no se encuentra una canción de esta guisa.
«No, no... y varias veces me lo pregunto. No me sale naturalmente. Y pienso que tal vez es eso; como que hubo un momento una saturación y que huí del 'vale todo'. A mí me gusta la música, las buenas canciones», matiza con ese reconocible acento argentino. «Si una canción es una canción de protesta y es buena... ¡genial! Pero ya la cosa panfletaria y, simplemente, con el hecho de que nombraras al Ché Guevara provocaras un aplauso en una canción de mierda... quizá eso es lo que terminó desencantando y lo que me llevó más al rock».
«No escribir canciones políticas no quiere decir no mojarse. Para nada»
Bajo el prisma de Ariel, «es muy válido, pero no es obligatorio», porque «si no te sale de una manera honesta, forzar eso es absurdo. Que pasa mucho también, que hay mucho mercantilismo». De nuevo el turno para el Pereza, que se encuentra girando por España con su primer disco en solitario. «Si me apuras, es una particularidad y una parte de la identidad cuando un artista sabes que no se va a meter ahí. Creo que más que un plus de cobardía puede tener un cierto encanto», responde.
Incertidumbre con Pereza
«Pero tú te puedes mojar comprometiéndose con causas, pero eso no quiere decir que a la hora de hacer tu arte tengas necesariamente que interpretar ese tipo de consignas», interviene Rot para dejar paso a Leiva: «Puedes mojarte fuera de la vía de tu arte. No escribir canciones políticas no quiere decir no mojarse. Para nada. Puedes hacerlo de mil maneras que no sea utilizando tus discos», asegura antes de confirmar que Pereza, que volvió a actuar recientemente, está aparcado. «Y si dijera que vamos a volver en X tiempo mentiría, y si dijera que no vamos a volver nunca también mentiría».






