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Ya estamos instalados en Rancho California, en el municipio de Armenia, perteneciente al departamento de Quindío. Seguimos con la ruta rural y el ánimo de los chicos está por las nubes.
A las 6.30 de la mañana, los titiriteros ya están animando el cotarro con canciones y melodías de dulzaina. Como encantadores de serpientes, obligan a bajar las cremalleras de las tiendas y los “quetzales” se levantan como por arte de magia cantando y bailando sin parar. ¡Qué derroche de energía”.
Los chicos no encuentran adjetivos negativos para esta –aún corta- experiencia, aunque alguno comienza a echar de menos –familias, absténganse de seguir leyendo- su videoconsola. Como lo leen. También es verdad que en los próximos días iniciarán los contactos con los padres y de sus “maquinitas” no sabrán hasta finales de julio, cuando finalice la Ruta Quetzal BBVA 2012 (no sé si les ha convencido esta explicación).
Ayer dejamos la tierra de la salsa, Cali, después de visitar dos haciendas simbólicas de la ciudad. La primera que pisamos fue la de “Piedechinche”, un pequeño museo de la caña de azúcar en mitad del campo.
Este recinto perteneció desde el siglo XVIII hasta los años 60 del siglo XX a la familia española Borrero Acosta; poco se conoce de ella. Allí explicaron el funcionamiento de diferentes “trapiches” (máquinas para extraer el jugo de la caña).
La siguiente parada fue la Hacienda “Paraíso”, considerada Monumento Nacional en 1959. La misma fue fuente de inspiración para que el escritor Jorge Isaac publicara su novela amorosa “María”. La casa está decorada como describe el autor.
Del paisaje literario de Cali al bus
Cali nos despedía con este paisaje literario y tocaba desplazarse hasta el departamento de Quindío en autobús. Terror… ¡Qué forma de conducir el “autobusero” colombiano que lleva a la prensa!
Cuatro horas más tarde, todos los ruteros llegaban a Rancho California. La alcaldesa de Armenia y la gobernadora de Quindío otorgaban un cálido recibimiento a los foráneos.
El broche a la noche lo ponía el astrofísico que dirige el Planetario de Pamplona e investigador de la Universidad Complutense de Madrid, Javier Armentia. Mirando a las estrellas, pasada la medianoche, los expedicionarios se perdían en sus sueños agotados por el cansancio.





