En Vídeo
En imágenes
Vivía en Oropesa y trabajaba en Madrid, en donde atacaba a sus víctimas valiéndose de su corpulencia física. Se le imputan tres delitos de agresión sexual y otro de detención ilegal
El bautizado como «violador del chándal», A. G. S., de 34 años, ha sido arrestado por Agentes de la Guardia Civil de Tres Cantos. Llevaba una doble vida. Vivía en Oropesa (Toledo) con su mujer y se desplazaba todos los días a la zona norte de Madrid para trabajar.
Actuaba siempre en el céntrico parque de Los Alcornocales de la citada localidad por la tarde, abordando a mujeres jóvenes y solas, aprovechando la menor oportunidad. Se valía de su gran corpulencia física para intimidarlas y llevarlas a un lugar apartado, en donde trataba de forzarlas sexualmente.
Por suerte, las tres víctimas pudieron zafarse del agresor, por lo que no pudo consumar las violaciones. Se le imputan tres delitos de agresión sexual, uno de retención ilegal y una falta contra las personas.
Las primeras investigaciones comenzaron a raiz de la primera denuncia interpuesta en el Cuartel de la Benemérita el pasado mes de febrero. En ella, la mujer relató que fue arrastrada con violencia por el cuello, hacia una zona arbolada, donde, tras oponer gran resistencia y ante la presencia de otras personas en las inmediaciones, logró que el autor de los hechos cesara en sus sórdidas intenciones.
La segunda denuncia se produjo a finales de abril; en esta ocasión, la agresión se produjo cuando la víctima paseaba a su perro, logrando escapar.
Ante la alarma social causada, el Instituto Armado difunde una nota informativa alertando de lo que estaba sucediendo, del «modus operandi» del presunto violador y de su descripción física. Además de una característica notable: siempre llevaba el mismo chándal de llamativos colores.
Se montó el correspondiente dispositivo de vigilancia en la zona y a primeros de mayo se localizó en las inmediaciones del parque a un individuo con características parecidas a las del agresor. Las sospechas recayeron sobre él, que además, llegó a realizar actos de exhibicionismo en otro parque de Alcobendas ante la presencia de dos mujeres.
Infinidad de pruebas en su contra
Cuando se averiguó su identidad, todas las víctimas le identificaron en el reconocimiento fotográfico, por lo que acudieron a su lugar de residencia para detenerle a finales de mayo. En el registro se recuperó el famoso chándal que utilizaba en sus asaltos, y, ante la gran cantidad de pruebas aportadas por los investigadores, no le quedó más remedio que reconocer los hechos.
Después del arresto denunció la tercera mujer, ultrajada en mayo, quien logró escapar mordiéndole en un brazo. No se descarta que aparezcan nuevos casos ahora. Lo cierto es que la tranquilidad ha vuelto al municipio tricantino que ahora disfruta de sus fiestas.





