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Más allá de por sus diez nominaciones al Oscar, de su mármol de melodrama épico a la antigua usanza, de Liz Taylor ronroneando, de Rock Hudson dando el pego, Sal Mineo de dulce e incluso Dennis Hopper casi barbilampiño, «Gigante» será recordada siempre como el testamento de James Byron Dean, que tuvo la mala idea de, en pleno rodaje, comprarse un Porsche Spyder 550, bautizarlo como «Pequeño bastaro» y nada m´ terminar el filme, incrustarlo contra un Ford embalado e, intanstáneamente, convertirse en uno de los mitos más imperecederos de Hollywood y de la cultura popular del siglo XX.
Antes tuvo tiempo de rodar tres películas como tres latigazos en la gran pantalla: «Al Este del Edén», «Rebelde sin causa» y «Gigante», por la que fue nominado al Oscar y recibió un Globo de Oro especial. Todo ello, gracias a su personaje de Jett Rink, un tipo tímido y atormentado como él que, aunque tiene la suerte de encontrar un río de petróleo, no consigue su mayor tesoro: el amor de Leslie Benedict (Taylor), la esposa de su jefazo (Hudson).
George Stevens, veterano especialista en culebrones etiqueta negra («Un lugar en el sol», «Raíces prfoundas»...) echó el resto con una cinta de 201 minutos de eslora en la que las corrientes y fogatas entre su trío protagonista dejan tembladno el patio de butacas al más puro estilo años 50. Si tiene tres horas y media libres, no lo duce: el DVD de «Gigante» es su mejor aliado. Y, de postre, también podrá disfrutar de la nueva entrega de la «Enciclopedia ilustrada de los Oscar», correspondiente a 1952-56.






