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Genealogías feministas en el arte español: 1960-2010 llega al MUSAC para repasar el papel que han jugado las perspectivas de género y las identidades sexuales en el arte español desde los años sesenta. La avala el comisariado a cuatro manos de Patricia Mayayo y Juan Vicente Aliaga, dos de los teóricos de referencia para este campo en España.
Mayayo enseña en la Autónoma de Madrid y ha publicado ya muchos libros sobre este asunto. Quizá el más accesible para un público amplio fuera Historias de mujeres, historias del arte, que publicó Cátedra en 2003. En el caso de Aliaga, esta exposición viene a ser una prolongación de un trabajo de investigación y comisariado muy coherente que ha tenido varios escalones previos y que lo ha convertido en el teórico español más sólido (y el más alejado de sectarismos simplistas) de los que se han ocupado del arte relacionado con asuntos de género y diversidad sexual en España.
Haciendo Historia
En 1997 había publicado un libro seminal en nuestro país, Bajo Vientre: representaciones de la sexualidad en el arte contemporáneo. Y desde entonces ha intercalado su trabajo académico con retrospectivas importantes como las dedicadas a Claude Cahun, Hannah Höch o Pepe Espaliú. Hace cuatro años montó en el CGACLa batalla de los géneros, una colectiva histórica sobre artistas de todo el mundo que en los setenta trabajaron, debatieron e hicieron más complejos los conceptos tradicionalmente inamovibles de masculinidad y feminidad. Y, en 2009, el mismo CGAC acogió su colectiva En todas partes (políticas de la diversidad sexual en el arte), que servía de prolongación a la anterior: de la época «heroica» y las primeras articulaciones contemporáneas de las teorías feministas y de género pasó a ocuparse de su desarrollo desde los ochenta hasta hoy.
Mayayo y Aliaga, los comisarios, son dos eminencias en la materia en España
La selección se propone dos cosas: por un lado, recuperar y dar más visibilidad a los nombres de una serie de artistas (mujeres sobre todo, pero no solo) que trabajaron sobre estos asuntos desde los sesenta y no han dejado huella en la historiografía «oficial». Por otro (y sobre todo), reinterpretar el arte español reciente desde esa nueva perspectiva: el relato de los feminismos puede ser también un prisma a través del que ensayar nuevas lecturas sobre nuestra Historia del arte reciente.
Expandirse como un virus
El enfoque que se propone en el MUSAC es interesante. Al hablar de «arte feminista» no se trata de fijar –para defender luego a capa y espada– una nueva tipología artística que al final resulte tan excluyente y rígida como el modelo en el que no se encaja. Ni de rastrear y disecar una etiqueta nueva que permita archivar y dar por visto un «sector» del arte español reciente. La cuestión es ampliar su resistencia de fondo, injertarla en otros discursos, universalizar y extender a otros campos (el artístico, por excelencia) su resistencia tozuda al encasillamiento: quizá una aproximación al arte que se ocupa del (y es ocupado por) feminismo solo pueda dejarse etiquetar en función de su labilidad, de su resistencia constante a las etiquetas.
Yo diría más bien que esta es una exposición sobre la forma en que las teorías y actitudes del feminismo (o de los feminismos, porque ni hay uno solo, ni se trata de simplificar una corriente enormemente amplia y diversa) ha influido y sigue influyendo en el trabajo de muchas artistas españolas de los últimos cuarenta años. No es, desde luego, un catálogo razonado o una lista cronológica de «artistas feministas», entre otras cosas, porque muchas de las creadoras representadas en el MUSAC ni siquiera aceptan esa denominación sin matices. Y, sobre todo, porque los inventarios así no tienen ningún interés. Más que de «artistas feministas» interesa hablar de autores que trabajan al tanto de otras formas de mirar.
El feminismo es un prisma desde el que ensayar lecturas sobre nuestro arte reciente
Y mientras en otros países ha habido un diálogo intergeneracional claro entre artistas de la primera hornada y creadoras actuales, en España, la nueva generación de los noventa se forma mirando (y leyendo) más al extranjero que hacia dentro: una «falla generacional», dicen los comisarios, de la que nos damos cuenta al revisar el listado de obras y comprender hasta qué punto muchas de las artistas pioneras de este tipo de trabajo en España nos resultan desconocidas incluso a los que nos dedicamos a esto.
Una fuente a la que acudir
Detallar aquí los contenidos y los nombres de una exposición amplia y ambiciosa como esta necesitaría al menos otras tantas páginas: caben más de cincuenta artistas, cinco décadas de trabajo, once temas e hilos comunes que superan con mucho un enfoque simplemente cronográfico, y tantas generaciones de artistas en activo como las que van de la veteranísima y apenas conocida Castorina (nacida en 1928) a jóvenes estudiosas (y practicantes) del post-porno como María Llopis. En cualquier caso, quedará sin duda como un mojón de la investigación historiográfica y del acercamiento al público del arte relacionado con una comprensión transversal de los feminismos.




