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El nombre de Emili Teixidor, que fallecía ayer a los 78 años después de una larga enfermedad, alcanzó difusión internacional a raíz de la adaptación cinematográfica de su novela “Pa negre”. Pero cuando el director Agustí Villaronga le propuso plasmar en imágenes aquella cruda historia rural de posguerra, la obra del escritor de Roda de Ter en el ámbito de la narrativa infantil y juvenil ya había sido reconocida. Premiado por la Fundación Sánchez Ruipérez por su labor pedagógica, Teixidor aliñó el guión de “Pa negre” con ingredientes de títulos anteriores como “Sic transit Gloria Swanson” que inauguró su carrera novelística o aquel “Retrat d’un assassí d’ocells”.
Premio Nacional en 1997 por su cuento de la “formiga Piga”, Teixidor dominaba los registros más diversos. Un año después de recibir el galardón publicaba “El llibre de les mosques”, truculenta historia en la que la prohibición de un libro moralmente estigmatizado y los insectos despanzurrados se combinaba con el asesinato de una niña, la vulneración del sexto mandamiento, la Guerra Civil y el nacionalcatolicismo de posguerra.
El exilio, la represión, el frío y el hambre en un medio rural que el escritor conocía bien nutrieron “Pa negre”. Como en “El llibre de les mosques”, Teixidor abordaba el vacío que impide que el mal pueda definirse, al devenir en un fermento “cohsionador” de una sociedad trastocada por la violencia y la perversión moral. Ese mal hay que deglutirlo como aquel engrudo que nuestros padres recordaban como “pa negre” o “pan moreno”.
Teixidor abría la senda de una memoria histórica novelada en la que la crítica al sistema franquista estaba repleta de matices que evitaban el fácil maniqueísmo de buenos y malos. Mostraba que en el bando franquista se alinearon también muchos catalanes. Burgueses de misa diaria que temieron por su fàbrica colectivizada y recibieron con todos los honores a las tropas “nacionales”.
Tras el éxito de “Pa negre”, Teixidor dio a la imprenta “Els convidats” en su editora habitual de Columna. El título de la que sería su última novela aludía a los vencedores de la guerra civil y la hegemonía social que la victoria les proporcionó frente a unos derrotados que sólo pueden optar entre la invisibilidad o el posibilismo.
De nuevo, los comportamientos humanos por encima de las ideologías imperantes. Teixidor ilustraba esa situación con uno de los personajes de “Els convidats”: “Tanta gente que colaboró con el franquismo porque no les quedaba otra alternativa que la oposición o el exilio”. Si hubo “convidats”, subrayaba, fue porque alguien “va parar taula”. Bajo los grandes discursos “vivía gente muy normal cuya obligación era sobrevivir e intentar ser feliz”. Se nos ha ido un escritor humanista, de un catalanismo honesto y autocrítico. De su experiencia bajo el franquismo deducía que la política de multas y prohibiciones para promocionar la lengua catalana no era la más adecuada. Partidario de “tender puentes”, consideraba que “imponer la memoria por la fuerza bruta es peligroso; un material demasiado sensible de vivencias personales”. Su lema: “Recordar pero, sobre todo, convencer”.






