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A quienes le recuerdan las traiciones íntimas del padre de sus cuatro hijos, y las traiciones de los disidentes del partido al que ha consagrado su carrera política, el PS francés, Ségolène Royal responde: «Los traidores siempre acaban pagando sus culpas».
Ella, Ségolène, se considera «insumergible» y comienza una nueva aventura, íntima y política, tras ser derrotada, en La Rochelle, por un socialista disidente, Olivier Falorni, que «solo» contaba con un apoyo importante: el legendario tuit de Valérie Trierweiler, compañera sentimental del padre de los hijos de Ségolène, François Hollande, presidente de la República.
Traicionada y sola, abandonada una penúltima vez, por los electores a quienes tanto quería, Ségolène no se da por vencida.
«Un traidor a su partido ha ganado con el apoyo de la derecha. Nadie lo olvidará»
Los «elefantes» del PS —los patriarcas y burócratas socialistas— escucharon la noticia con estupor: la candidata oficial del partido, derrotada, no se daba por vencida. Y sería necesario buscarle un «hueco» entre los bizantinos equilibrios del partido.
El presidente Hollande y los «elefantes» socialistas esperaban dar a Ségolène el consuelo de un escaño de diputada. Para ofrecerle, más tarde, quizá, la presidencia de la Asamblea Nacional que tiene la cava más importante de la República francesa. Derrotada, Ségolène se convierte en una temible mujer herida en lo público y en lo íntimo.
Celosa de Trierweiler
En lo íntimo, la instalación en el Elíseo de su rival en el lecho de Hollande coincide con otras noticias poco estimulantes. Su compañero sentimental, tras la traición de Hollande, el empresario André Hadjez, ha desaparecido de los «radares» de la prensa del corazón. Las brujas especializadas en ese tipo de negocios afirman que Hadjez está cansado de los ataques de celos de Ségolène contra Trierweiler.
Quedan sus cuatro hijos. Uno de ellos, Thomas, trabajó con su padre durante la victoriosa campaña presidencial. Instalado Hollande en el Elíseo, Thomas podía aspirar a continuar colaborando con su padre en la presidencia de la República. Sueño imposible. Ségolène ha prohibido a sus hijos la frecuentación del palacio presidencial, donde el padre debe «reinar» en solitario, con la intención de mantenerlos lejos de las tentaciones del poder del jefe del Estado.










