Alemania es así de fiable, el único equipo que ha firmado el pleno en la fase de grupos de esta Eurocopa que empieza a perfilar candidatos. Después de Portugal y Holanda, este domingo ha despedido a Dinamarca en una velada que fue de más a menos y que murió definitivamente con el gol de Bender a diez minutos para el final. Suma nueve de nueve, inmaculado su historial, y desafía a Grecia en un duelo que irremediablemente dará cientos de titulares en clave económica. [Así lo hemos contado]
La Alemania de hoy es más que su nombre, una potencia que compite mejor que nadie en cualquier disciplina y que ahora juega al fútbol con buen gusto. Mantiene la esencia del orden y el compromiso, tan rígidos en todo, y en estos tiempos mezcla con una manda de jóvenes futbolistas que se llevan muy bien con la pelota, virtuoso incluso alguno de ellos, gen ganador elevado al infinito porque Alemania casi siempre gana. En Lviv, condenados a estar pendientes de lo que pasaba también en el Holanda-Portugal, los germanos despacharon a Dinamarca y confirmaron que pasan como primeros de este grupo terrorífico. Alemania, en definitiva, manda en Europa y se siente intratable.
Fue una tarde-noche preciosa y la Eurocopa se anima porque ya no vale tropezar. Alemania tiene de todo, sensacionales cada una de sus líneas, y a partir de una idea innegociable salió dispuesta a batallar con Dinamarca, otro equipo alegre aunque no tenga altavoces ni repercusión mediática. De entrada, Low no escatimó en nada por mucho que los dos triunfos anteriores le dejaran a un pasito de los cuartos y Alemania se entregó en cuerpo y alma, feroz búsqueda de gol que resolvió Lukas Podolski en su centenario con la selección. La cita parecía encarrilada.
Desde la adversidad, Dinamarca encontró motivos para dar un paso al frente y de inmediato se subió al tren. Cinco minutos después del zurdazo de Podolski, los nórdicos empataron desde las alturas con un cabezazo de Krohn-Delhi, a quien asistió Bendtner con un salto potentísimo. Volver a empezar, todo igual que antes.
Los centroeuropeos acorralaron a Dinamarca de ahí hasta el intermedio. Merecieron más y contaron con un puñado de oportunidades, alguna de ellas muy clara, y únicamente fallaron en el último metro. El conjunto germano, que inquieta con sus hombres de arriba, fue cocinando y lo mejor que le pudo pasar a Dinamarca fue el descanso, lo más parecido a una victoria.
Con todo, el segundo acto perdió fuerza. Alemania se encalló en el embudo y se enredó una y otra vez queriendo entrar por el centro. Controló la situación, pero se llevó un buen susto con un remate de Jakob Poulsen, algo de vida en Dinamarca. La incertidumbre creció con la remontada portuguesa en el otro encuentro. Ahuyentó fantasmas Alemania porque un gol le dejaba fuera y sentenció Bender a la contra. Una fase perfecta.





