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Los secretos de las joyas más famosas del mundo

Wallis Simpson puso de moda los «felinos» de Cartier, mientras que la Callas era fiel a las rocas de Van Cleef & Arpels. Anécdotas de las piezas que lucieron las «celebrities» más rutilantes del siglo XX

Día 16/06/2012
Los secretos de las joyas más famosas del mundo
ABC
María Callas, junto a Gracia de Mónaco, en 1962

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Los diamantes son los mejores amigos de las mujeres. Y los peores enemigos de los hombres. Giovanni Meneghini, marido y representante de María Callas, solía mimar a «La Divina» comprándole un nuevo brillante para cada uno de sus estrenos operísticos. Casi siempre eran de Van Cleef & Arpels. En 1959, Callas abandonó a su devoto esposo por Aristóteles Onassis, otro asiduo cliente de la firma francesa. «Todo lo que Ari sabe sobre las mujeres lo aprendió de un catálogo de Van Cleef», comentaría la soprano.

La ruptura de Callas y Meneghini fue la comidilla de la prensa internacional. Ella jamás le devolvió ninguna de esas valiosas joyas y él pasó el resto de su vida retirado en una villa de Verona. Pero lo cierto es que, tras la muerte de la diva, en 1977, el mundo descubrió que nunca se habían divorciado legalmente. Meneghini heredó la mitad de sus bienes.

Daniela Mascetti, directora internacional del departamento de Joyas de Sotheby's, conoce algunos secretos de los tesoros que han lucido las mujeres más glamurosas y enigmáticas del último siglo. Esta arqueóloga italiana, una de las mejores gemólogas del mundo, lleva 30 años trabajando para la casa de subastas y ha colaborado en la venta de las colecciones de la duquesa de Windsor, la princesa Thurn und Taxis, Elton John, Hélène Beaumont o la mismísima Callas. «La pieza más deslumbrante de “La Divina” era un anillo con un diamante en forma de marquesa de casi 12 quilates. Obviamente, un regalo que le hizo Meneghini en la década de 1950, los años dorados de la carrera de Callas», explica Mascetti, quien se encuentra en España para estudiar y tasar piezas que podrían salir a subasta próximamente. «Valoramos ese anillo en 132.000 euros, pero se vendió por más del doble». En aquella subasta dedicada a la soprano, en 2004, Sotheby's recaudó 1.4 millones de euros.

El precio de la fama

En el mundo de las pujas y remates, los títulos nobiliarios y la fama siempre suman. «Saber quién es el dueño de una pieza ayuda, ya sea que se trate de un aristócrata o de una estrella del pop», aclara Mascetti. «Las gemas se llevan sobre la piel, por eso se perciben como una expresión muy personal de quien las luce». Como las gafas con incrustaciones de brillantes que vendió Elton John en 1993 por casi tres mil euros.

Pero a la hora de hablar de gustos y extravagancias, nadie competía con la duquesa de Windsor. Para algunos, Wallis Simpson fue la infame americana filonazi que arrastró a Eduardo VIII a la abdicación. Para otros, un icono de moda. «La duquesa fue la responsable de popularizar las piezas en tres dimensiones en los años 40. De hecho, las tres primeras joyas de este estilo creadas por Cartier fueron para ella», dice Mascetti. De todas esas piezas, el brazalete «Pantera» de ónix y diamantes es el «rey» (se subastó por 5.5 millones de euros). «Es una pieza única, que adornó el brazo de una mujer con mucha suerte. Es el mejor felino creado por Cartier. Cuando lo tocas es tan suave y sutil que sientes que tienes un animal vivo acariciando tu muñeca».

En muchas ocasiones el duque de Windsor colaboraba en el diseño de las joyas de su mujer. «Ambos solían participar en el proceso creativo. Para el broche “Flamenco”, por ejemplo, ella pidió a Cartier que se desmontaran tres pulseras para que las piedras pudieran reutilizarse y reproducir exactamente los colores del ave. Wallis era una apasionada de la moda y quería que sus joyas fueran el complemento perfecto».

Por las manos de Mascetti también han pasado auténticas reliquias reales, como la tiara de Lemonnier que coronó a Eugenia de Montijo como Emperatriz de Francia. «Tras la caída de la Monarquía, la tiara de perlas y diamantes fue comprada por un comerciante de gemas que se la vendió a la familia Thurn und Taxis. La princesa Gloria la lució para su boda en 1980». Pero en 1993, viuda y agobiada por las deudas, la aristócrata alemana vendió la pieza junto a gran parte de su colección. Un siglo y medio después, la tiara Lemonnier, valorada en más de medio millón de euros, descansa en el museo del Louvre, su primer hogar.

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