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La propuesta pretendía que la UE reconociera el derecho de Cataluña a celebrar un referéndum de autodeterminación
EL pasado 30 de mayo, la Comisión Europea envió una carta —firmada por Catherine Day, Secretaria General— al señor Joan Carretero Grau —cabeza visible de esa escisión de ERC que es Reagrupament— en la que respondía a la propuesta de iniciativa ciudadana titulada Fortalecimiento de la participación ciudadana en la toma de decisiones sobre la soberanía colectiva. La propuesta pretendía que la UE reconociera el derecho de Cataluña a celebrar un referéndum de autodeterminación. Referéndum al que aspira —esa parece ser la estrategia— la mayoría del nacionalismo catalán. Para dicho nacionalismo, la respuesta de la Comisión Europea es decepcionante. La conclusión de la UE: «Lamento informarles que la Comisión rechaza el registro de la iniciativa propuesta debido a que está manifiestamente fuera del ámbito de competencias de la Comisión para presentar una propuesta relativa a un acto jurídico para los fines de aplicación de los Tratados».
La Comisión Europea añade que «se ha llegado a esta conclusión tras realizar un examen exhaustivo de la disposiciones de los Tratados que señalaron ustedes, así como de toda otra base jurídica pertinente». Finalmente, la Comisión Europea apunta que «solo las personas que tengan nacionalidad de un Estado Miembro son ciudadanos de la UE» y que «no existe base jurídica alguna en los Tratados de la UE que permita que legislación secundaria aborde las consecuencias de una secesión de una parte de un Estado miembro». Para entendernos, un hipotético referéndum de autodeterminación no tendría el aval de la UE y comportaría la exclusión, de hecho y de derecho, de la entidad que surgiera de dicha consulta. Cataluña quedaría fuera de la UE. Un desastre. Cerrada la vía europea –«Cataluña, un Estado de la Unión Europea», dicen—, habida cuenta de que la legislación internacional solo reconoce la autodeterminación para los pueblos colonizados, al nacionalismo catalán solo le queda la vía de la declaración unilateral de la independencia. Otro desastre.



