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Cataluña / la nada nadea

Demasiados fracasos

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El diseño y desarrollo de un proceso autonómico incapaz de cerrarse propició la aparición, crecimiento e hipertrofia de un puñado de administraciones cuyos frutos envenenados son el arraigo de castas políticas locales

Día 15/06/2012 - 09.24h

VARIAS crisis se nos han solapado en una especie de fatal alineamiento astral: la educativa, la de la justicia, la autonómica, la del modelo productivo, la de representatividad, la bancaria, la doble recesión occidental. Como en cualquier fenómeno complejo, las interdependencias son tantas, y de tal calado, que no hay análisis capaz de transmitir de una vez las dinámicas internas del sistema, ni posibilidad de prever su comportamiento a partir de observaciones simples o parciales. El relajamiento de las exigencias educativas a lo largo del tiempo resulta deletéreo; los valores de cohesión, de sentido, de construcción de futuro, se van desdibujando y, un mal día, su ausencia desertiza el entorno: los generadores de riqueza, los impulsores de proyectos ambiciosos no pueden respirar y huyen a espacios más favorables. Resulta que la pedagogía imperante en las últimas décadas ha sido un fracaso.

La politización de la justicia, sumada a la sospechosa cortedad de recursos a que la han sometido los distintos gobiernos democráticos —por otra parte espléndidos cuando se trataba de dotar infraestructuras y levantar administraciones paralelas— han sido fuente de inadmisibles dilaciones, de tratos desiguales ante la ley, de falta de previsibilidad, de inseguridad jurídica y de contaminación partidista de un poder cuya independencia era definitoria del Estado de Derecho. Resulta que los mecanismos de promoción no basados en méritos y conocimiento, y las leyes que sometieron los tres poderes a unas mismas mayorías partidarias han sido un fracaso.

El diseño y desarrollo de un proceso autonómico incapaz de cerrarse propició la aparición, crecimiento e hipertrofia de un puñado de administraciones cuyos frutos envenenados son el arraigo de castas políticas locales —con sus respectivas redes clientelares— y la inflación normativa, con la subsiguiente burocratización paralizante y la ruptura de la unidad de mercado.

Resulta que el café para todos ha sido un fracaso. ¿Hemos hecho algo bien? La sociedad, muchas cosas, generalmente al margen del poder. Hoy, todas ellas están en peligro. Queda Europa para salvarnos de nosotros mismos.

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