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Algo se tiene que estar haciendo mal cuando Canarias se encuentra a la cola en casi todas las listas
Si nuestra primera industria, el turismo, sigue siendo, aunque a veces renquee, la locomotora de la economía canaria, es obvio que no podemos, encima, ponerle trabas, a modo de subir impuestos, para que la aceleración decaiga y acabe con las pocas oportunidades que tenemos para hacer frente a esta crisis, que ya ha propiciado uno de los índices de paro más elevados que se recuerden por estos lares. No podemos, o no debemos, además, ignorar cualquier destello de oportunidad e iniciativa empresarial que se nos presente de cara al futuro para, al menos, paliar esta sangría. Está bien que el actual gobierno canario apueste por la sostenibilidad del territorio; pero por decencia política y por una elemental ética solidaria, antes, está la sostenibilidad de las personas.
No podemos obviar la realidad. Algo se tiene que estar haciendo mal cuando Canarias se encuentra a la cola en casi todas las listas: principalmente en las que se reflejan los índices del paro; pero también en aquellas que se muestran los resultados de la calidad de la enseñanza en nuestras universidades, así como en los distintos centros educativos de primaria y secundaria; y no digamos ya de los centros de formación profesional donde las titulaciones relacionadas con nuestra primera industria brillan por su escasez, cuando no por su ausencia. De tal forma que, por desgracia, la mayoría de los puestos directivos de nuestros hoteles son ocupados por personal foráneo quedando para el residente en Canarias, los trabajos donde se requiere una menor formación o titulación académica.
Aunque no es de extrañar estos registros tan negativos si tenemos en cuenta que en Canarias, por ejemplo, no existe un consejero de turismo como tal. Es como si en un país árabe de esos que son ricos en petróleo no hubiera un ministro del ramo. Aquí, por lo visto, importa poco o nada velar por la propia reputación de nuestra principal industria e ignoramos que el respaldo a la formación y a la innovación, así como a la atenta gestión de nuestra imagen, y no digamos ya el apoyo a las buenas prácticas turísticas, nos pueden permitir aplicar ciertas iniciativas políticas relacionadas con el turismo, que puedan solventar, con satisfacción, nuestra reputación actual. Sobre todo hoy en día donde predominan los más diversos comentarios —el llamado índice de satisfacción—, en las distintas redes sociales.
De hecho, dichos comentarios pueden modificar en un instante la percepción, y, por consiguiente, la voluntad de viajar a un lado u a otro del mundo; el quedarse en uno u otro hotel; el comer en tal o cual restaurante; el ir a un estipulado espectáculo o bañarse en una determinada playa. Y esto es así porque los comentarios que se hacen online se convierten en fuentes que aportan una determinada visión del mercado actual; de tal forma que, la suma de todos los comentarios, nos pueda hacer comprender realmente la política turística que debemos emprender en cada momento. De hecho, el conocimiento que dicha información nos aporta en cada instante se puede y se debe utilizar para darnos cuenta de nuestras propias debilidades y así poder transformarlas en nuevas oportunidades, a ser posible, mucho más competitivas.



