El 29 de junio de 2008, Fernando Torres marcó el gol que le dio a España su segunda Eurocopa. El entonces delantero del Liverpool sabía que había firmado una diana histórica por su trascendencia, pero también porque se convirtió en el último tanto de un jugador que no militase en el Barça en una fase final hasta ayer. Y es que durante el Mundial de 2010, todos los goles llevaron el sello de un pupilo de Guardiola, los cinco de David Villa, los dos de Andrés Iniesta y el testarazo de Carles Puyol en la semifinal frente a Alemania. Ocho dianas, todas catalanes.
Y el domingo, en el primer duelo de la Eurocopa, el empate frente a Italia lo selló otro azulgrana. Cesc Fábregas, que ayer metió el cuarto. Sin embargo, antes el propio Torres y David Silva, ambos futbolistas de la ‘Premier’, rompieron ese monopolio de los profesionales del Barça. El delantero del Chelsea lo hizo rápido, en el minuto 4, para silenciar rumores. Luego el del City anotó nada más empezar la segunda mitad, y le siguió otra vez Torres.




