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El 15 de mayo de 2010, un Rodrigo Rato exultante posaba junto a los presidentes de Bancaja, Caja Ávila, Caja Segovia, Caja Insular de Canarias, Caixa Laietana y Caja Rioja en una imagen histórica que fue reproducida por todos los medios de comunicación. Su sonrisa lo decía todo: acababa de nacer Bankia, la entidad que de un plumazo se convertía en la primera caja de ahorros de España y en la de mayor volumen de negocio en el mercado nacional.
Bankia anunció en 2010 que se llevaría por delante más de 3.400 empleos
Pero aquella euforia duró poco. No corrían buenos tiempos para el sector financiero. Tan sólo un día antes, el presidente del Banco Santander, Emilio Botín, levantaba la alarma sobre los graves problemas financieros que atravesaba la banca; y su homólogo en el BBVA, Francisco González, señalaba que los mercados habían «retirado su confianza a nuestro país». Y por si no fuera suficiente, se anunciaba que Bankia se llevaría por delante más de 3.400 empleos.
La entidad –bajo el nombre inicial de Banco Financiero y de Ahorros (BFA), controlado por Caja Madrid– surgía como consecuencia del proceso de reestructuración del sistema de cajas de ahorro impulsado el Banco de España, a través del conocido Sistema Institucional de Protección (SIP). El objetivo era impulsar la fusión de las cajas de ahorro con mayores problemas, tal y como ocurrió: de las 45 entidades que había en España, a finales de 2010 ya se habían reagrupado en 15.
Bankia, la mayor de todas
Ni Rodrigo Rato ni los demás directivos de la nueva entidad, cuyo nombre comercial de Bankia fue aprobado el 2 de marzo de 2011, podían imaginarse un deterioro tan rápido y profundo, ni las críticas que iban a recibir por parte de clientes, accionariado y del mismo Gobierno.
Ese mismo mes de marzo las asambleas de las siete cajas de ahorros que forman parte de su accionariado aprobaron traspasar todos sus activos y pasivos a Bankia. En julio emitía sus primeras acciones en Bolsa a un precio de 3,75 euros por cada una, por el cual captó 3.092 millones de euros más.
La matriz de Bankia, BFA, cerraba 2011 en quiebra técnica
Esa situación supone que el conjunto de los pasivos (deudas, depósitos de clientes y otros pasivos) es superior a la de los activos (dinero en caja, participaciones, créditos a cobrar y otros activos), lo que, en situaciones normales, obligaría a cualquier entidad a disolverse y liquidarse. Pero en el caso del Grupo Bankia, la situación se resolvería de la única manera posible: su nacionalización y la petición adicional de nada menos que 19.000 millones de euros para su rescate.
El mayor rescate de la historia
Previamente se produjo el relevo forzado de Rodrigo Rato, que iba de mal en peor: el Movimiento 15-M consiguía recaudar 15.000 euros en tan sólo un día para llevarle ante los tribunales, por haber «engañado a 400.000 inversores de la entidad» mediante falsedad contable y estafa mercantil. Según el movimiento, el banco que él presidía falseó las cuentas de estos inversores cuando salió a Bolsa el año pasado para poder captar capital, algo por lo que piden penas para los gestores de la entidad de entre 1 a 6 años, inhabilitaciones y multas.
Rodrigo Rato: «El Gobierno ha decidido que lo mejor es que yo no siga en Bankia»
Una semana antes de que se acometiera la polémica nacionalización de BFA, el PROB tuvo que acometer la conversión en acciones del préstamo que le dio en 2010 por importe de 4,465 millones de euros. Una cantidad que si sumamos a los 19.000 millones de euros que recibirá de la ayuda de la UE para completar su saneamiento, supondrá el rescate más caro de la historia financiera de España.







