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El Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional, otorgado ayer a la Cruz Roja es un reconocimiento a «la labor de los voluntarios de las 188 sociedades nacionales en todo el mundo, que realizan su trabajo junto con el Comité Internacionald en la Cruz Roja (CICR), como afirma la directora de Relaciones Institucionales de esa organización en España, Mercedes Babé. ABC ha recogido los testimonios de cuatro de los millones de voluntarios que hacen de esta institución la mayor red humanitaria del mundo.
Experiencias «satisfactorias»
Si hay una palabra que todos los voluntarios de la Cruz Roja repiten es «satisfacción». Se sienten orgullosos de servir a esa institución humanitaria, consideran que aportan a la construcción de una sociedad mejor y esperan continuar con su labor.
Andrea Cardona, tiene 25 años y responde la llamada de ABC desde la estación de trenes de Atocha, donde se dispone a tomar un tren que la devuelva a casa, en Castellón. Ella pasó los últimos meses en la república de Malí, en Africa occidental. Ahí brindó apoyo en la distribución de ayuda humanitaria -alimentos para las personas y para el ganado-.
«Para mí ha sido una experiencia de enriquecimiento profesional y humano, me llevo muchas cosas aprendidas, del entorno, de la gente, algo muy recomendable», afirma con tono emotivo. Andrea tiene un máster en Cooperación y espera seguir como voluntaria en Castellón donde participa en campañas de sensibilización y conferencias de todo tipo.
Una voz amiga del otro lado del teléfono
Pilar Barreno Florez, de 67 años de edad, está jubilada. En el voluntariado encuentra realización y es por eso que desde 2004 dedica cuatro horas los viernes a realizar llamadas a dependientes y a personas de la tercera edad. «Habló con personas que no reciben ni una sola llamada en el día, les preguntó como están y les levanto un poco el animo», explica.
Pilar jamás olvidará cuando llamó a una adulta mayor y le cantó las mañanitas para agasajarla en su cumpleaños. «Qué alegría, nunca nadie me había cantado», recuerda que le dijo con voz entrecortada la señora que estaba al otro lado del auricular. «Recibo más de lo que doy, es una experiencia gratificante», asegura.
En contra de la «discriminación»
Por las mañanas ordena libros y por las tardes acude a institutos nocturnos y vespertinos, de formación para adultos, a realizar una labor de sensibilización en el tema de refugiados e inmigrantes. De profesión bibliotecario, Eduardo Alonso Carrión, de 50 años, forma parte del proyecto «La convivencia se construye».
Alonso asegura que el programa va orientado a reforzar la «interculturalidad interactiva» y a eliminar los «prejuicios» y la «discriminación», en todo nivel. «Me siento muy satisfecho, hago consciencia sobre la realidad en la que vivimos, la experiencia me permite tener contacto directo con los problemas reales y sé que la comunicación tiene un fin y que se logran resultados positivos», indicó.
«Ángeles de la Cruz Roja»
«Aquí están los ángeles de la Cruz Roja», recuerda Fernando Pérez-Ordoyo, de 42 años, que le dijo una señora de la tercera edad, quien les llamó desesperada porque su esposo se había caído. «Escuchar esas palabras fue de lo mejor que me ha pasado en la vida», asegura.
Pérez-Ordoyo lleva diez años como voluntario y participa en el programa Socorros y Emergencias de la Cruz Roja. Es técnico en emergencias y trabaja en el departamento de Marketing de una empresa. «Me siento orgulloso, solo devuelvo a la sociedad parte de lo que me ha dado, busco poner mi grano de arena», concluye.




