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El desmantelamiento de una red paquistaní de explotación sexual de menores en el norte de Inglaterra destapa una realidad que afecta «a miles de niños en cada ciudad, pueblo o barrio»
La comisión de Interior de la Cámara de los Comunes ha decidido abrir una investigación sobre el abuso de menores en el Reino Unido, después de que la Comisión de la Infancia haya denunciado esta semana que se trata de una realidad extendida «que afecta a miles de víctimas». En palabras de Sue Berelowitz, responsable de la oficina británica de protección de la infancia, «no hay una ciudad, pueblo o barrio en el que no haya niños explotados sexualmente», según advirtió el martes en sede parlamentaria. El parlamento organizó un debate sobre el asunto tras el reciente desmantelamiento de una red de explotación infantil en Manchester, al norte de Inglaterra, compuesta sobre todo por varones de origen paquistaní. Nueve adultos han sido encarcelados, acusados de varios delitos de naturaleza sexual contra decena de niños de la zona.
«Hablamos de un problema nacional que requiere una investigación profunda»
«Claramente no hablamos de una cuestión relativa a una ciudad del norte, sino de un problema nacional que requiere una investigación profunda», ha anunciado el diputado Keith Vaz, presidente de la comisión de Interior. «Por ello, vamos a extender en el tiempo nuestro trabajo sobre esto y a ampliar la investigación para poder abordar las causas del problema, y sus soluciones, con carácter de urgencia», aseguró el parlamentario conservador.
«Carne fácil»
Según el testimonio de Berelowitz, los abusos se producen tanto en zonas rurales apartadas como en el interior de los centros urbanos. E insistió en que el fenómeno no se limita a la minoría asiática. La operación contra la banda paquistaní, culminada gracias a la investigación periodística y la denuncia del diario «The Times», ha desatado un fuerte debate en términos raciales. El ex ministro de Interior laborista, Jack Straw, denunció hace unos días que algunos hombres paquistaníes verían a las niñas de raza blanca como «carne fácil». Por su parte, la presidenta del partido conservador, la baronesa Warsi –de origen paquistaní-, reconoció que algunos hombres de esa comunidad percibían el abuso sexual de niñas blancas como «fair play».
El responsable de la policía de Manchester, el comisario Peter Fahy, reconoce que, si bien los asiáticos son solo una minoría de los delincuentes sexuales de la región, «cuando se trata de explotar a niños en la calle, los hombres asiáticos están presentes de forma desproporcionada», según explicó a los diputados. Berelowitz acepta que la participación de paquistaníes es una constante en varias ciudades del norte, pero se niega a circunscribir el problema a una sola comunidad. En efecto, la mayor parte de los implicados en recientes operaciones en localidades como Rochdale, Derby, Rotherham, Birmingham o Dewsbury comparten este origen. Pero las autoridades evitan apuntar a un sector determinado de la población británica.
Redes sociales
«Hay minorías dentro de todas las comunidades –blancos, paquistaníes, afganos, gitanos etc.- que ven a los niños como víctimas fáciles para la explotación sexual», insistió Berelowitz, tras referirse a varias operaciones en las que los culpables serían individuos blancos o negros. En un caso que definió como «muy común», explicó cómo una niña fue contactada online e invitada a acudir a una cita en un punto de Londres con alguien presuntamente amigo. Lo que le esperaba era un grupo de ocho jóvenes que la violó en un parque, antes de dejar que otra banda abusara de ella después.
Varios expertos destacaron el papel de las redes sociales, según «The Daily Telegraph». A menudo, los jóvenes abusadores invitan mediante mensajes de móvil a otras personas a sumarse a las agresiones sexuales, en el momento en que están cometiéndolas. Los móviles sirven también para grabar los ataques y utilizarlo después para amedrentar o chantajear a sus víctimas. También habría adultos que simularían una falsa identidad de adolescente para contactar con sus víctimas, a las que luego someten –según escucharon los diputados- a abusos y agresiones comunes en películas de porno duro.









