En Vídeo
En imágenes
El juicio contra un acusado de asaltar eN agosto el famoso restaurante The Ledbury, en Notting Hill, desvela detalles de uno de los episodios más violentos del estallido de violencia en Inglaterra
Las autoridades les consideran como uno de los grupos más violentos de los centenares de personas acusadas de participar en la ola de violencia y saqueo sufrida por varias ciudades inglesas el pasado verano. En las primeras horas de la mañana del lunes 8 de agosto, una veintena de jóvenes sembró el pánico en el barrio de Notting Hill, en el Oeste de Londres, en el tercer día de violencia en la capital británica. Quemaron una tienda. Obligaron a los pasajeros de dos autobuses a bajarse para arrancarles los objetos de valor. Robaron tabaco y alcohol en el establecimiento de Mohammed Maroon, a quien provocaron numerosos cortes en la cabeza tras golpearle con una botella rota. Varios componentes del grupo asaltaron además un casino Gala, una tienda de zapatos Office y el restaurante The Bumpkin. Hasta 17 personas han sido procesadas por estos hechos. Pero algunos de ellos no habían tenido suficiente festín.
«Todos al suelo, dadnos vuestras cosas», gritaron los asaltantes
Hacia las 10.30 de la noche, un grupo de enmascarados se dirigió hacia The Ledbury, uno de los pocos restaurantes británicos con dos estrellas Michelín, elegido recientemente como el decimocuarto mejor restaurante del mundo. Al percatarse del asalto, sus empleados intentaron asegurar la puerta, pero los saqueadores se abrieron paso armados con bates de béisbol y botellas de vino. «Todos al suelo, dadnos vuestras cosas», gritaron los asaltantes, según la narración del fiscal Ben Kelleher a un tribunal del centro de Londres. Los enmascarados forzaron entonces a la aterrorizada clientela a concentrarse en un rincón del restaurante y arrodillarse. En unos segundos, se hicieron con un valioso botín de joyas, carteras y teléfonos de los clientes con alto poder adquisitivo que frecuentan el establecimiento. «Después de unos minutos, varios miembros del personal se plantaron y dieron pelea, con mucho coraje, y lograron forzar a los atacantes a abandonar el lugar», explicó el fiscal, según recoge «The Daily Telegraph».
Persecución judicial
Varios de los camareros y todo el personal de cocina saltaron en tromba sobre los enmascarados blandiendo sartenes, cuchillos y otros utensilios de cocina. Mientras, trasladaron a los clientes al sótano, donde la bebida corrió por cuenta de la casa para sacudirse el gigantesco susto. Los vándalos salieron entonces a la calle, paseando las botellas de vino y de champán robadas en el restaurante. Sin que la policía hubiese hecho acto de presencia todavía, se dirigieron entonces al cercano pub Walmer Castle, donde rompieron todos los cristales de la fachada. ABC visitó este bar pocos días después. Los ventanales estaban tapiados con tablones de madera. Un portavoz de la empresa propietaria nos explicó entonces cómo los empleados del local condujeron a los clientes apresuradamente a un salón en el piso de arriba, mientras los saqueadores destrozaban la planta de abajo.
La bebida corrió por cuenta de la casa para sacudirse el gigantesco susto
Al aparecer un coche patrulla con un agente, el grupo de violentos le disparó con un lanza-proyectiles casero y le atacaron con cristales rotos. El policía sufrió varias heridas. Ali Abdul-Waga, un joven de 19 años residente en Paddington, también en el Oeste de Londres, ha comparecido esta semana como principal acusado por lo ocurrido. Se enfrenta a dos cargos por robo al personal y a los camareros del Ledbury, y a un delito de desorden violento. El acusado niega todos los cargos. Junto a él comparecieron otros tres jóvenes de 18, 19 y 22 años, pertenecientes presuntamente al mismo grupo, y acusados de delitos similares en aquella intensa mañana de violencia y saqueo. Se espera que el juicio dure unas cinco semanas más.
Casi un año después de los disturbios, la Justicia británica persigue inexorablemente a los responsables de la ola de violencia. La semana pasada, seis hombres fueron condenados en Birmingham a pena de entre doce y 30 años por disparar a la Policía, después de tenderles una emboscada en un pub al que prendieron fuego.










