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«Historia de 2»: la educación, a escena

Jesús Bonilla vuelve a las tablas con esta obra de Eduardo Galán, que reflexiona sobre la cuestión educativa

Día 14/06/2012 - 12.13h

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Lola y Ortiz son muy diferentes. Lola es joven, cajera en un supermercado y tiene escasa cultura. Ortiz es un profesor de Literatura, a punto de una jubilación anticipada. Nada parecía abocarles al encuentro y menos a enamorarse. Pero la vida les pone frente a frente, pues tienen algo en común: Dani, un adolescente difícil, hijo de Lola y alumno de Ortiz. Con estos mimbres, el dramaturgo Eduardo Galán ha escrito «Historia de 2», que permanecerá en cartel en el madrileño Teatro Amaya hasta el 12 de agosto. Entre los muchos alicientes de la pieza se encuentra el regreso a los escenarios, después de dieciocho años sin saborear el dulce veneno del teatro, de Jesús Bonilla, el entrañable «Santiago» de la serie Los Serrano, y rostro habitual de otras igualmente populares como «La banda de Pérez» y «Periodistas». A Bonilla, que también asume la codirección de la obra, junto a Gabriel Olivares -director de «Burundanga», de Jordi Galcerán, uno de los mayores éxitos teatrales de esta temporada-, le acompaña Ana Ruiz, participante en series como «Cámara Café».

Señala Jesús Bonilla: «Me apetecía mucho volver a las tablas. Estaba valorando un Ricardo III, que por edad y su condición de jorobeta me iba muy bien, cuando me surgió la posibilidad de esta función. No lo dudé. Cambiar de registro, ir de un tabernero buena persona, pero ignorante y cazurro, a un profesor, para mí era un gran reto. Y a mí me gustan mucho los desafíos, aunque luego me den ataques de ansiedad. Además, aquí es doble: interpretar y dirigir. Sobre todo, me ha costado mucho esto último. Es complicado autodirigirse y, en el caso de los demás, hay que tener mucha mano izquierda. En la preparación de mi personaje, me ha influido la experiencia de mis compañeros de los ya muy lejanos tiempos de estudiante de COU, pues la mayoría de ellos se dedican a la enseñanza. Siempre me hablaban de sus problemas, y me daba cuenta de lo injusto que resulta considerarles poco menos que unos privilegiados por ese tópico de los tres meses de vacaciones. Lo he pasado mal para hacer lo más verosímil mi personaje: los gestos, la voz, cómo muestras el cansancio porque llevas un montón de tutorías y viene esa madre, media hora tarde, para hablar de su niño. Pero, a la espera del juicio de los espectadores, creo que el esfuerzo ha merecido la pena».

Eduardo Galán, autor, entre otras obras, de «Maniobras», «La curva de la felicidad» y «Felices 30», comenta: «En principio, lo que me seducía era contar una historia de amor atípica, no entre un profesor y una alumna, o entre dos profesores, sino algo menos frecuente, bueno, yo no conozco ningún caso, entre un profesor y la madre de un alumno, y, además, dispares. Y que esto, aprovechando mi propia experiencia docente, se incrustrase dentro del gran asunto de la educación, que nos concierne a todos: una buena educación es el presente y el futuro de un país. La obra es también un homenaje a los profesores, lo que me parece hoy especialmente necesario en un momento donde están muy arrinconados. No ya por parte de las Administraciones, sino de la sociedad en su conjunto. No hay un reconocimiento, bastantes veces ni siquiera de los padres, a su decisiva labor. Porque el profesor es una figura esencial que no solo transmite conocimientos. Es un educador en la convivencia, en la ética, en el respeto al otro, a las distintas creencias, a las variadas formas de entender el mundo. Hoy tenemos alumnos de muchas procedencias. Noto como los alumnos iberoamericanos son más respetuosos con los profesores que los españoles. Porque, en general, en Iberoamérica los profesores están mejor considerados. Pienso que hay que reforzar la estima hacia el profesor».

«Historia de 2», con ecos del famoso Pygmalion, de George Bernard Shaw, o de filmes como «Educando a Rita» y «Rebelión en las aulas», no es, sin embargo, un tratado de sociología, ni teatro de tesis o social. El propio Eduardo Galán lo subraya: «No me atrae el teatro social pues suele tener mucho de abstracto. Me interesan los conflictos sociales, pero no como noticias periodísticas, sino en cuanto se encarnan en personas y situaciones concretas. Me quedo con una frase que dijo Moisés Pérez Coterillo referida a mi teatro: lo social está presente, pero lo que más importa es rozar la piel del alma del espectador. Es lo que trato de conseguir y hacerlo sobre todo a través del humor, que en Historia de 2 es un elemento siempre en juego. La técnica de Mihura me gusta mucho: primero provocar la risa. Después vendrá la reflexión, pues la diversión que propongo contiene una carga emocional y humana muy fuerte». Por su parte, Jesús Bonilla corrobora: «En ningún momento damos un sermón. Se plantea el tema, y es el espectador quien debe sacar sus propias conclusiones. Esto siempre es así en el buen teatro».

Sin duda, a la reflexión sobre la cuestión educativa -sobre ella vimos recientemente en nuestra escena El chico de la última fila, de Juan Mayorga- puede contribuir esta pieza. Todos los jueves que se representa en Madrid, profesores y estudiantes se benecifiarán de un dos por uno, presentando el carnet acreditativo. Aunque su asunto, claro está, la convierte en recomendable para todos.

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