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Ferias, festivales, exposiciones... Madrid está inundada este mes de fotografías. No hay un museo, institución o centro de arte en el que no cuelguen en estos momentos instantáneas. Las hay de todo tipo. Nos detenemos en la Fundación Mapfre, que sigue apostando en su calendario expositivo por la fotografía, a la que está dedicada en exclusiva la sala Azca (General Perón, 40), su otra sede de exposiciones, junto con la del Paseo de Recoletos. Suele alternar esta institución nombres históricos y consagrados de la fotografía internacional con nombres menos conocidos, pero igualmente interesantes.
En 1982 Hanzlová huye del comunismo y se convierte en una exiliada en Alemania
Ella misma lo explica así: «Escapé con 24 años. Me fui del país como el que se tira al agua fría. La cuestión es si eres consciente de lo que estás dejando atrás cuando te marchas. Yo me di cuenta cuando era demasiado tarde. La puerta ya se había cerrado. Y cuando volví, la percepción de las cosas había cambiado, mi mentalidad había cambiado. Estás entre el allí y el aquí, entre el pasado y el presente. Mi obra es sobre la vida, sobre encontrar un camino que sea mío».
«Era demasiado intenso...»
Ese continuo viaje de ida y vuelta, tanto físico como sobre todo mental, se aprecia perfectamente en sus fotografías. En su serie «Rokytnik» (1990-1994) retrata los paisajes del pequeño pueblo checo donde creció. Tras la caída del comunismo en 1989, regresó, como ella misma explica, al pasado; fue una especie de shock: «No lo podía absorber, era demasiado intenso». Son fotografías cargadas de memoria, recuerdos, melancolía... A Jitka Hanzlová también le interesa el ser humano, protagonista de muchas de sus series, como «Bewohner» (1994-1996). En ella retrata a los habitantes de Essen, donde reside. Son personas desarraigadas. En cierta forma, son una especie de autorretrato.
Su interés por el ser humano centra algunas de sus mejores series
Pero, además del individuo, la mirada de Hanzlová se posa en los bosques de la Checoslovaquia de su infancia («Forest», 2000-2005), en los que vuelve en busca de sus raíces; en la cuenca del Ruhr («Here»; 1998, 2003-2010) y su industrialización; en los caballos («Horses», 2007), a los que retrata fragmentadamente, y en las flores («Flowers, 2008), siempre misteriosas sobre fondo negro.





