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Alcorcón se aleja del sueño de Primera, reducida la euforia amarilla por el buen resultado que arrancó un Valladolid necesitado de la elite (0-1). Queda la vuelta en el José Zorrilla, noventa minutos que resuelven la ecuación, pero el primer asalto deja a los castellanos y leoneses a un paso de la Liga BBVA, exigidos por historia y porque su verdadero lugar está con los grandes. Después de rozar el ascenso de forma directa, el Valladolid está a punto de resolver en esta fase de ascenso lo que pudo hacer mucho antes.
No hay reproches para el Alcorcón, un equipo al que le mueve la ilusión de su gente y animado también por Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad con bufanda al cuello en el palco de la esperanza. Hace dos años, se peleaba en el barro de la Segunda B y ahora lucha por una hazaña histórica, casi tanto como la de aquella noche de locos en la que atropelló al Real Madrid en la Copa del Rey. Tendrá que remar muchísimo, pero ya ha demostrado este curso de lo que es capaz, compitiendo siempre con los buenos y jugando bien al balón.
En la noche del miércoles le devoró la tensión del momento y la poca puntería en el segundo acto. En el Municipal de Santo Domingo, un estadio que huele a fútbol y que mantiene la esencia de las butacas a medio metro del campo, el Valladolid impuso la experiencia de una plantilla más curtida en estas batallas. El conjunto blanquivioleta se benefició de un tanto en el primer tiempo y achicó como pudo de ahí hasta el final, entregado a una defensa que resolvió con solvencia todas las embestidas locales. Con el tiempo a su favor, vivió pendiente de proteger su portería porque el tanto de Javi Guerra valía un imperio y porque tampoco necesitaba mucho más.
Gol de guerra con el hombro
El Alcorcón perdió parte de su gracia en el primer tiempo, espeso el grupo de Anquela y poco lúcido con la pelota. Es verdad que asomó con más peligro y probó a Dani Hernández en varias ocasiones, pero nunca encontró su juego. Al Valladolid, por contra, le bastó con ordenar todas sus líneas y obtuvo premio a la media hora, de manual la jugada del gol. Nauzet Alemán, jugador de toque exquisito, asomó por el flanco derecho y centró de forma maravillosa para que Javi Guerra rematara con el hombro, poco ortodoxo pero igual de válido.
En la reanudación, se vivió siempre en el campo del Valladolid, orgulloso Anquela con una apuesta a la desesperada. El Alcorcón se activó a base de fe y amor propio y dispuso de ocasiones para merecer algo más. Fue de esquina a esquina y cantó gol en un remate que Marc Valiente salvó en la línea, una agonía para los madrileños. Sobre la bocina, Dani Hernández sacó una mano monumental para despejar un lanzamiento de Saúl. Definitivamente, no fue la noche del Alcorcón.






