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Justo cuando tenía todo en contra, el Barcelona volvió a levantarse para devolver la serie al Palau y jugarse el título de liga con su público a favor. Lo hizo tras una derrota dolorosa en el tercer partido y en medio del ambiente infernal que se encontró en el Palacio. Para más inri, Xavi Pascual tuvo que afrontar el choque sin N’Dong, baja de última hora, así que tocaba apelar a la heroica.
El partido venía caliente desde el pasado lunes. El incidente protagonizado por Mickeal y Suárez durante el tercer encuentro de la serie había provocado que el ambiente en el Palacio fuera aún más tenso que de costumbre. Las declaraciones de la previa, con unos y otros lanzándose dardos y quitándose responsabilidades en la pelea no habían ayudado. Se notó en los primeros minutos, con ambos equipos fallando más que de costumbre, y con el Barcelona encomendado a una defensa en zona que no había utilizado prácticamente durante toda la serie.
Era el antídoto de Pascual tras el baño recibido el lunes y el invento le funcionó a la perfección. Al Real Madrid le costaba encontrar los huecos en la pintura y, además, el lanzamiento exterior se le negaba, al igual que le había ocurrido durante el tercer partido de la final. Atascado y sin ideas, Laso trató sin éxito de buscar la solución en el banquillo. El recurso que siempre le había sacado de apuros durante los playoffs: tirar de fondo de armario hasta dar con la tecla adecuada. El problema fue que esta vez nadie respondió.
Con el Real Madrid buscando la forma de atacar el aro, el Barcelona se lanzó a ganar el partido. La lucha por el rebote, que hasta ahora había sido territorio dominado por el Real Madrid, cayó del lado azulgrana y por ahí comenzó a fraguarse la primera ventaja visitante. Esas dobles opciones permitieron canastas fáciles a los hombres de Pascual, que sacaron provecho y comenzaron a poner nervioso al personal. Lorbek, el asesino silencioso, volvió a ser el mejor azulgrana sobre la cancha, aunque esta vez estuvo más arropado por sus compañeros. Navarro, Huertas, Mickeal... todos estuvieron bien, pero fue Wallace el héroe del partido para los azulgranas. Tenían que aparecer los secundarios y ahí surgió el congoleño. Ese pívot rubio de tez blanca y muñeca celstial cuando tiene el día, y anoche lo tuvo. Tres triples y 14 puntos en el segundo cuarto que rompieron el partido.
Esta vez, la entrada de Sergio Rodríguez no cambió el panorama blanco y sólo el arrebato final le dio cierta esperanza. Un triple de Mirotic apretó el marcador a falta de un minuto y medio (74-79), pero no hubo milagro y la serie volverá a Barcelona, al Palau Blaugrana, para conocer al campeón.





